Quizás,
mi historia es como la de cualquier argentina
o argentina. En el año
2000 comenzaron a venirse mis hijos (tengo 4)
en busca de un futuro mejor, a
la cuidad donde había nacido su padre y
emigrado en la posguerra. Nos
quedamos solos mi marido y yo, si con amigos,
con casa, con coche, con
trabajo, con sueños, pero nos faltaban
nuestros hijos y ese dolor fue
insostenible e insoportable. Creíamos enloquecer
sin verlos sin abrazarlos,
entonces tomamos la decisión de venir hacia
ellos, dejando todo lo
confortable y nuestro que habíamos forjado
en tantos anos de matrimonio.
Mi
marido se jubila con 55 años, dejo mi trabajo,
vendemos todo y viajamos en
junio del 2004 los dos y la gata y las valijas
llenas de nuevos proyectos.
Me olvide de mi terror al avión y fue un
vuelo maravilloso, solo ansiábamos
escuchar el corazón de nuestros hijos golpeándonos
el pecho, llegamos a
Barcelona y desde allí me enamore de Barcelona
y siguió mi enamoramiento al
llegar a Castelldefes!!!!!!!!!!!!!!!. Alegrías
reencuentros con los 20 de la
familia que ya habían llegado en esos años,
5 en un piso pequeñito pero
frente al mar, hacer papeles y en dos meses ya
estábamos trabajando y en 5
habíamos alquilado una hermosa casa a pasos
del mar.
Nunca
me sentí no integrada, y la gente mayor
recuerda cuanto Argentina ayudo a España,
son
muy agradecidos y sé que soy la que debe
adaptarse a sus costumbres (mi
marido es catalán) sé que debo estudiar
catalán, para entender cuando me
hablan en su idioma y me siento muy bien al acudir
al curso, y así pequeñas
cosas cotidianas que nos hacen sentir que no nos
equivocamos en venir, que
también había un pequeño
lugar para dos cincuentones que comienzan una
nueva
vida y creo que siempre hay que tener fe y esperanzas
y sé que tampoco
debemos olvidar a Argentina , ni a nuestros amigos,
pero aquí hemos
encontrados amigos argentinos y uruguayos y españoles,
y comemos asado y
tomamos mate, pero también comemos paella
y pan con tomate y ajo y muchos
mariscos, y esta gente que nos cruzamos día
a día en el bus en el tren en el
metro escucha tu historia y también te
cuenta su vida y creo que eso es
integrarse y compartir, por eso escribo esta carta
para decirle que amo a mi
país, pero también amo a España
y me siento muy agradecida de lo que vivo
día a día.
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