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Mi experiencia - Por Nora - Publicada el 04-03-07

 

Después de leer las cartas de Eduardo, Daniel y Maxi, quiero aportar mi experiencia. Hace casi 5 años que estoy acá, vinimos con mi marido a una edad en que no es usual emigrar: él 66 y yo 63, entonces. La inmigración suele ser cosa de jóvenes. No obstante, y siendo él español, mallorquín para más datos, con 50 años de Argentina, nos largamos. ¿Por qué y para qué? Porque estábamos hartos del manoseo, de las mentiras, de la corrupción y más aún de la impunidad. De las instituciones que no funcionan (policía, justicia, Congreso, Municipalidades...) De ver la decadencia de la salud y de la educación. De absorber como mejor podíamos el doloroso espectáculo de la pobreza, de los cartoneros, de los niños en la calle. De la pobreza indigna, mezclada con el consumo de drogas, la prostitución, el delito. De que nos hubieran entregado a los ciudadanos, atados de pies y manos a las empresas privatizadas y hayamos debido soportar cualquier abuso y atropello de todas ellas, la Telefónica española en primer término. De amanecer cualquier día con la noticia de que un ministro de economía inspirado nos había metido la mano en los bolsillos y nos había quitado el 30 % de lo que teníamos. De llegar a la vejez con jubilaciones de miseria después de una vida de trabajo muchas veces muy calificado, como en nuestro caso. De unos cuántos etcéteras más...

Vinimos entonces a buscar, por nuestra edad, ya no trabajo ni mejoras económicas, sino respeto como ciudadanos, que no nos mientan más, previsibilidad, atención para nuestra salud. Conocíamos este país por haber estado como turistas en varias ocasiones - mi marido no había perdido jamás el fuerte nexo con su Mallorca natal - y nos encantaba su estilo de vida.

Como dice Eduardo, llegamos con humildad y sabiendo que éramos nosotros los que debíamos adaptarnos y no esperar a que los españoles se adaptaran a nosotros. Desde el lenguaje, suavizando las yyyy y las ll ll ll ll, hasta adoptar el "coger", el "guapo" y el "pichichi". Notamos en seguida un excelente recibimiento, al que no era ajena la admiración que sienten los españoles por la Argentina, por nuestra cultura y por nuestra educación. No tengo más que palabras de agradecimiento a esta comunidad. Excepción hecha de algún comentario xenófobo que nunca falta y que lejos de maximizar, lo tomo con condescendencia. Yo tampoco intenté agruparme con argentinos, aunque no rechazo por supuesto, la relación con algunos compatriotas; celebro haber hecho casi amistad con algunos españoles. No añoro el bife de chorizo ni las facturas con dulce de leche. Los tangos los escucho desde mis CD, al tiempo que voy incorporando a mis gustos musicales a artistas españoles... Cuando quiero dulce de leche, me lo preparo. Y para el choripán, de vez en cuando consigo en algún hiper los choricitos criollos. Pero aprendí a cocinar las gambas, los garbanzos, las alubias, el pisto, que alterno con los fideos con tuco, las milanesas o el pastel de carne.

Hoy, mi marido ya no está, falleció de cáncer hace seis meses, después de ser atendido por la unidad de Cuidados Paliativos aquí en Logroño, donde residimos, de una manera que jamás podré agradecer y sin que nos costara 1 céntimo. Un equipo de médico, enfermeras, psicóloga y trabajadora social nos visitaba permanentemente y se constituyeron en amigos, más que en profesionales que le ayudaron a bien morir a él, y a mí, a contenerme emocionalmente y a apoyarme e instruirme en su cuidado.

En síntesis, lo que vinimos a buscar a España, lo encontramos. Los motivos que nos indujeron a dejar la Argentina, persisten y persistirán por generaciones, baste ver que los que hicieron de ella el país postrado que es, siguen en la dirigencia. Aunque soy optimista y positiva no puedo serlo con el futuro de Argentina. Argentina es y será siempre mi país amado, mi infancia, mi formación, el hogar que fundamos, la cultura, los artistas que me emocionan, los lugares paradisíacos que posee, la conversación demorada con el vecino mientras barríamos la vereda, las Navidades en los patios... Y España es el lugar en el que, al final de mi vida, encontré el respeto y la dignidad que se me negaba en mi país. Argentina, te amo. España, gracias. Nora

 



Nora

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