Ayer
en una de mis tantas peregrinaciones, que supone
tomar guaguas que raras veces cumplen un horario
o algunas cuya frecuencia dudosa es de 2 horas,
dado el punto de la isla donde me encuentro
actualmente “San Isidro”, es increíble
lo que hace la gente para evitar la muerte en
un cruce de carretera, sí esa pobre gente
que ha trazado un atajo salvador entre los montes
para no ser arrollados por los coches, allí
entre autopista y autopista sólo hay
pequeñas pero profundas huellas humanas
de gente pobre, anónima y silenciosa
que a diario elige el atajo para poder ganarse
su pan… olvidados y alejados de la mano
de Dios o mejor dicho de los dirigentes que
nos representan a todos.
En fin me pregunto de quien dependen estos detalles
de la vida cotidiana que nos importan a nosotros
los que caminamos, los que aún vivimos.
Ayer continué mi lucha para ver si alguien
atiende a mi causa… ello incluye mis idas
y venidas a extranjería, porque también
como muchos acá, tengo la desgracia de
ser extranjera. Y ahora que tenía un
nuevo contrato de trabajo, y todas las ilusiones
del mundo, un nuevo trabajo y muy en firme porque
el gestor de la empresa contratante aseguraba
que ya había gestionado uno semejante
al mío, pues con esta seguridad solicito
la baja de mi contrato anterior con 15 días
de antelación con una carta como indica
la ley.
Resulta
muy sorprendente que el mismo gestor cuando
solicita mi alta a la seguridad social esta
se lo deniega porque mi permiso de trabajo y
de residencia tiene la limitación sectorial
cuenta propia empleada de hogar, y no me puedo
cambiar de sector, que tengo que pedir la modificación
de mi permiso de trabajo y de residencia. Al
manifestar con la documentación correspondiente
que esa misma seguridad social había
realizado un alta de otra persona ellos responden
que fue un despiste del funcionario de turno
y me derivan a extranjería.
Allí, me refiero extranjería,
ahora ya no hay colas, lo cual es un signo de
notable progreso, sólo se ve escasa gente
trabajando y unos pocos esperando. La persona
que informa se limita a entregar unas copias
con unos teléfonos para solicitar “una
cita previa” y la recomendación
de que es más operativo por correo electrónico.
¡Qué maravilla de eficacia!.
Al seguir esas instrucciones me encuentro con
líneas siempre ocupadas y cuando no lo
están nadie se digna responder ¡Ni
hablar del correo electrónico!.
Otro día más regreso a extranjería,
me piden el resguardo del correo electrónico
y me dicen que quizás a fin de mes me
den la cita pero que la respuesta es “no”,
cuando le comento mi angustiante situación,
¿qué hago yo mientras tanto que
estoy de baja, me mudé cerca de mi nuevo
trabajo, y ahora ellos no me dejan cambiar de
actividad? Me responde la persona de información
que no me cambiarán la limitación
sectorial de mi permiso de trabajo que tengo
que pedir el alta en la seguridad social que
a ellos les da lo mismo que trabaje en lo que
trabaje mientras cotice.
¿Quién entiende algo? O es simplemente
el arte de impedir.
Ayer yo misma fui a la seguridad social de los
Cristianos, allí la persona que me atendió
en el puesto 13, no se si el puesto tendrá
algo que ver, pero me dio un aliciente o la
sensación de alivio que puede experimentar
un condenado a muerte o un enfermo terminal
al que le dicen que le quedan 10 días
o más para conseguir aunque sea una autorización
de extranjería para cambiar de sector
laboral.
En mi búsqueda desesperada de alguna
solución, encuentro una ONG que atiende
a inmigrantes y me dicen que me quedaría
apelar a los casos previstos en el art. 40 de
la ley orgánica 4/2000, “la cobertura
de puestos de confianza en las condiciones fijadas
reglamentariamente”. Una autorización
de cambio sectorial para trabajar sin necesidad
de modificar la tarjeta de identidad de extranjero.
Pero que desde ya me desaniman por la poca viabilidad
y el tiempo que me apremia.
Señores no sé que hacer, me quedo
sin trabajo, me he mudado a otro sitio, soy
una persona sola y tengo la desgracia de ser
extranjera, sólo quiero trabajar y hacer
la cosas bien… Esto es simplemente así:
¿me quedan 10 días o el arte de
impedir?