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Vivencias de más de 20 años - Por Sergio Ramos - Publicada el 27-10-06


La carta de Alicia Buenaventura y otras del mismo tenor me llevan a compartir mis vivencias que tienen un valoración más positiva de la experiencia de emigrar.

Llegamos a Barcelona en 1985, mi esposa, Matías de 3 años y Paula de 9 meses. No nos traía ninguna persecución política ya que la dictadura había terminado ni tampoco dificultades económicas ya que mi esposa y yo teníamos un buen puesto y buenos sueldos. Lo hicimos con el afán de conocer mundo, recuperar las raíces, y también, un poco hastiados del conocido “mal argentino”: corrupción, soberbia, viveza criolla, y un futuro de posibles crisis que lamentablemente luego se confirmaron.

Los comienzos fueron duros, la nostalgia estaba presente, no había Internet, 1 minuto por teléfono a Buenos Aires costaba 300 pesetas y para poder decir algo más que en una carta enviábamos casetes grabados. Y si querías comprar el Clarín solo llegaba dos veces a la semana y el del domingo costaba 550 pesetas (¡+ de 3€ hace 20 años!!!)

La forma de relacionarse de los catalanes no es la misma que tenemos nosotros, ni mejor ni peor, simplemente distinta. Pero provoca que el proceso de establecer relaciones y, especialmente, de hacer amigos, se torne mucho más largo.

Pero bueno, todo ello lo fuimos superando teniendo presente siempre tres cosas:

 

- estábamos en España porque habíamos querido, nada ni nadie nos había obligado

- nosotros éramos los extraños y por lo tanto los que debíamos adaptarnos a la cultura y costumbres catalanas y no a la inversa. ¡¡Y si no les gustaba el dulce de leche o no hacían facturas en la panadería no eran perores!!!!

- debíamos tener la mente abierta para incorporar otra visión de las cosas, y para ello era necesario no caer en el gueto. Nada de reuniones con argentinos para llorar pensando en mi Buenos Aires querido mientras tomábamos unos mates y escuchábamos un tango.


Con los años, y a base de esfuerzo, nuestra situación fue mejorando.- Y mientras nuestros hijos se convertían en catalanes, fuimos descubriendo todo lo bueno que nos aportaba el vivir en esta tierra. Que además nos había acogido con los brazos abiertos sin hacernos sentir en ningún momento que éramos diferentes.

Pero la nostalgia seguía estando allí, oculta pero presente. Y cada regreso de un viaje a Buenos Aires la acrecentaba envuelta en lágrimas. Y a medida que pasaba el tiempo era mayor la idealización que teníamos sobre la gente, sobre Buenos Aires y sobre Argentina. Los 30 días que pasábamos de vacaciones allí cada 3 años (más no se podía) no nos permitían ver que el país cambiaba, pero además a peor. Es decir que el mal argentino era cada vez mayor.

La vida da muchas vueltas y en 1999 mi empresa me ofrece ir a Buenos Aires en condición de expatriado durante un plazo de 3 a 5 años. Como imaginarán, nada mejor podía pasarnos a pesar que nuestro hijo que ya tenía 18 años, decidiera quedarse en Barcelona para empezar la universidad aquí. Volvíamos a nuestra ciudad y como privilegiados dadas las buenas condiciones económicas que suelen tener los expatriados.

Luego de la euforia inicial, el duro contacto con la realidad: mayor corrupción, mayor desigualdad (cada viaje por el Gran Buenos Aires o el interior del país se transformaba en una herida desgarrante), caída en picada de la educación, aparición de enfermedades que antes no padecíamos (solo en el resto de Latinoamérica), mucha intolerancia por parte de todo el mundo, incumplimiento permanente de todo tipo de normas y siempre presente la viveza criolla que termina transformando la vida en un campeonato donde se disputa quien caga a quien: el empresario al trabajador con bajos sueldos o trabajo en negro (el 50%), el trabajador al empresario haciendo como que trabaja, el empresario al estado pagando el 10% de los impuestos que le corresponden y el estado al empresario con desigualdad jurídica y demás yerbas, Y así siempre

Tardamos un año en volver a adaptarnos. El cemento de Buenos Aires se nos venía encima y extrañábamos la tranquilidad que te da el vivir en un país con un cierto orden y con las reglas más o menos claras. Pero estaban los afectos y el poder recuperar a la familia y a los amigos, y ello significaba una ganancia enorme.

En 2004 se acabó el plazo de expatriación, y podría haber solicitado a mi empresa el continuar trabajando en Buenos Aires como empleado local. Pero nuestra decisión fue volver a España. Que duda cabe que al tener a nuestros 2 hijos en Barcelona, el motivo para volver era enorme. Pero también necesitábamos poner distancia por segunda vez de todas las lacras de nuestra querida Argentina

Con 51 años sobre el lomo sigo queriendo a mi país y a mi ciudad Buenos Aires. Pero me siguen jodiendo un montón de cosas que cuando dejamos el país corremos el riesgo de olvidar por la tendencia a idealizar lo que dejamos.

Y me imagino un futuro con estancias de meses en Buenos Aires pero con el necesario regreso a Barcelona para llenar los pulmones de aire puro y fresco.

Cada uno tiene sus propias vivencias y tengo claro que los paraísos no existen. Y cuando decides vivir en un sitio tienes que asumir que ganarás cosas pero perderás otras

Pero ¡¡cuidado con la idealización!!!

Es cierto que en España hay corrupción (la mejor prueba es el caso Marbella) pero es una travesura de niños comparada con la nuestra. Y a las pruebas me remito: puesto 97 en el ranking de corrupción mundial mientras que España es 23.

Es cierto que la sanidad tiene problemas con las listas de espera y la saturación de los servicios de urgencias, pero es para todos, con un muy buen nivel técnico y con recursos. A años luz la situación de los hospitales públicos en Argentina y especialmente si hablamos del interior.

Es cierto que la educación es francamente mejorable en España, pero más del 50% de los estudiantes universitarios reciben becas, la situación de los colegios es buena en todo el país, los docentes están bien pagos, etc etc. Para matar la nostalgia nada mejor que ver una escuela del Gran Buenos Aires llena de rejas para protegerse de los vándalos y ni hablar de escuelas rurales.

Es cierto que la justicia no está bien, pero aquí es posible que ministros o secretarios de estado (Barrionuevo y Vera) vayan a la cárcel al igual que eminentes empresarios (Conde y De la Rosa) o incluso jueces (Estevill). Por favor que alguien me diga cuantos ministros con condena efectiva hay en Argentina. ¿Y empresarios top? Moneta siga campando por sus anchas.

Es cierto que en España hay pobres y desigualdades. Pero aún no ha llegado el día en que nos muestren en la TV niños desnutridos como los de Tucumán (antes eran de Biafra) o nos informen que un chico murió de hambre en Corrientes porque solo comía tierra. Y eso viviendo al lado del río Paraná.

¿Quieren que siga?

Pero bueno, todos somos dueños de decidir donde queremos vivir. Y si no estás bien en un lugar, lo mejor es que te marches.

Y si a pesar de querer marchar no puedes, es señal de que hay algo en ese mundo idealizado que no funciona bien.

En fin, vida tenemos solo una y hay que tratar de disfrutarla lo mejor posible cada día porque además pasa pronto.

Un cariño para todos.

 

 


Sergio Ramos


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