15 DE ABRIL 2005


Paliando el desarraigo en "Lo de Willy"
Analizando el exilio argentino desde una perspectiva diferente

 


Cualquiera sea el motivo del destierro -obligado o elegido- nos exiliamos enteros, en cuerpo y alma. Pero al desarraigo lo sentimos por partes. Hay muchas formas de sentir el exilio. Todas ellas, como si los argentinos fuésemos una raza de masoquistas itinerantes, tienen como denominador común, una extraña combinación de dolor y placer.

Con éstas notas, intentamos regodearnos en el dolor de nuestro propio destierro, del destierro argentino. Nos masoqueamos con la certeza de la descomunal distancia que nos separa de la Patria y les enseñamos a disfrutar la saudade que produce.

Los argentinos que han escuchado el tango "Volver" a miles de kilómetros de Ezeiza, saben lo que es sentir el exilio en el alma. "Vivir...con el alma aferrada, a un dulce recuerdo, que lloro otra vez...", como su misma letra indica.

El deleite de escuchar "Adiós Pampa Mía", se mezcla inexorablemente en la distancia, con una agradable sensación de opresión y angustia, placentero tormento -patrimonio exclusivo del argentino exiliado- que sólo encuentra sosiego al prorrumpir en llanto.

Los que han "intentado" entonar el Himno Nacional Argentino frente a la Bandera, tras su entrada triunfal portada a caballo por Fernando Noailles en las fiestas patrias que hemos organizado en las afueras de Madrid, saben lo que es sentir el exilio en la piel.

Como si al galopar con la Bandera celeste y blanca desplegada, el jinete espoloneara los flancos del alma, en vez del corcel, sentimos ese dolor, mezcla de bronca, resignación, destierro y distancia; cuya contraparte de orgullo, recuerdos y la sensación del sentimiento compartido con los compatriotas, tanto nos reconforta.

Tal vez sea una "irreverencia" trazar un parangón entre el alma y el paladar, y pedimos anticipadamente disculpas por ello. Pero, no negará el argentino en el exilio, que lo que afirmamos es verdad:

¿No es un alfajor de maicena, al paladar, lo que un tango para el alma?. ¿No es en la fría noche europea, al despertar de madrugada con ganas de comer algo dulce, ese Mantecol atesorado, como un símbolo patrio?.

Si considera el lector que las citadas analogías no son correctas, una de dos: o es Ud. japonés, o vive desde siempre a metros de la avenida San Martín o la 9 de Julio, de cualquier ciudad del territorio nacional argentino.

Paliando el desarraigo en "Lo de Willy"

Hay formas de sobrellevar el destierro. Una de ellas, es "volar" por poca plata. Quienes hemos retornado -por un rato- a nuestra ciudad, nuestro pueblo, nuestro barrio, transportados en primera clase a través de un "choripán" o en un charter de bizcochitos de grasa, sabemos de lo que hablamos. Ud. lo sabe, nosotros lo sabemos y Willy lo sabe.

¿Quién es Willy?. Willy es el comandante de la aeronave "Lo de Willy", Diana su azafata. Desde hace tres años, este matrimonio vende viajes instantáneos hacia el cono sur desde Benidorm, preciosa ciudad costera en la provincia de Alicante.

¿El pasaje?. Puede ser una Rodhesia, una Vauquita, un Cabsha o un Gancia batido. Da igual. La cosa es volar con los sentidos, paliar el exilio con esos viajes de ida y vuelta al pago. Muy importante: los pasajes se pueden comprar en Benidorm, o pedirlos desde cualquier lugar de España.

Quizás Willy y Diana les resulten familiares, si es así, tal vez sea Ud. una de las 500 personas que atendían por día en el kiosco que está en Cabildo al 1011, en la Capital Federal. El kiosco sigue allí, con el hermano de Willy al frente.

Willy y Diana, en los tiempos de Cabildo 1011

¿Por qué se vinieron y por qué a Benidorm, precisamente?, le preguntamos a Diana.

"Nos vinimos como muchos, buscando un futuro mejor, en especial para Gastón, nuestro hijo. Buenos Aires se estaba poniendo violento y muchas veces yo quedaba sola en el kiosco. Me asaltaron dos veces, y cada vez que un cliente metía la mano en el bolsillo, me sobresaltaba.".

"Recorrimos mucho antes de decidir establecernos aquí. Veníamos con la idea de hacer lo mismo que allá. Nos gusta tratar con la gente y la venta de estos productos es un negocio que conocemos bien. El lugar nos encantó, encontramos un local adecuado y aquí nos establecimos. Estamos encantados y muy integrados aquí. Es un pueblo que si

Willy, Diana y Gastón, paseando por Navarra

bien en verano recibe muchísimo turismo, tiene población estable todo el año. Por otro lado, aquí no existe discriminación hacia los de afuera, al contrario. Casi todos venimos de algún lugar, hay muy pocos "nativos" de Benidorm".

Nostalgia, saudade, soroche... son formas de definir parcialmente esa sensación placentera y dolorosa a la vez. Nos vamos comiendo un alfajor con dulce de leche y coco rallado alrededor, evocadora circunferencia de color amarillo pálido. Para un eventual ataque de saudade, y aprovechando que es viernes, nos llevamos de LO DE WILLY una docena de facturas calentitas para casa.

 
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