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| El
libro de Almeida transcurre bajo la última
dictadura. |
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| Una historia
argentina que cruzó el mar |
| Por Emanuel Rodríguez |
Especial |
El 13 de mayo, cuando ya había concluido su
rutina laboral, María Eugenia Almeida chequeó la casilla de
mensajes de su teléfono celular y lo que escuchó cambió su
vida: El colectivo, la primera novela que escribió, había
ganado el Primer Premio Internacional de Novela Las Dos
Orillas, otorgado por el Salón Internacional del Libro
Iberoamericano de Gijón (España), consistente en la
contratación, traducción y publicación de la obra en Alemania,
Francia, Portugal, Grecia, Italia, España e
Inglaterra.
Almeida nació en Córdoba en 1972,
actualmente vive en Unquillo y es licenciada en Comunicación
Social. Trabaja en el Grupo de Investigación sobre Humor de la
Facultad de Filosofía y Humanidades, es docente de
Comunicación en el colegio secundario Juan Mantovani, y
“eventualmente” corrige y asesora editorialmente en un sello
local.
“El día del fallo –cuenta Eugenia–, entré a la
página Web del concurso pero no había nada, y ya me iba a mi
casa a ver La era de hielo por Canal 8. Como mi celular es un
desastre y siempre se queda sin señal, cada tanto me fijo si
hay algo. Había un mensaje de un español, que al principio yo
pensaba que era mi hermano haciéndome una broma. Pero a medida
que transcurría iba dando datos que mi hermano no tenía, y al
final fue algo increíble”.
El Premio Las Dos Orillas
es un concurso bianual de novela cuyo objetivo, según las
bases, es “superar el aislamiento internacional” y unir las
literaturas de América latina y Europa, principalmente
editando la obra ganadora en siete idiomas y distribuyéndola
por gran parte del Viejo Mundo.
María Eugenia Almeida
(prefiere que la llamen simplemente Eugenia y, por su “extrema
timidez”, no accedió a que le tomaran fotos) deberá viajar en
2007 a Europa, cuando su novela se publique en ocasión de un
nuevo Salón del Libro.
“El hecho de publicar en tantos
idiomas –dice la escritora– y que la obra llegue a tanta gente
de diferentes países, es algo muy soñado: a los cinco años,
cuando me preguntaban qué quería ser, yo respondía que quería
cantar y escribir”.
Como cantante, Eugenia recorrió
guitarra en mano y durante un año Italia y Francia, participó
brevemente en el Coro de La Voz del Interior y esporádicamente
se presenta en espectáculos “de amigos que me invitan”. Como
escritora, en su hasta ahora breve currículum de ediciones,
aparece la publicación de algunos poemas premiados en 1997 en
el Concurso Provincial de Poesía para Autores Inéditos, y el
reciente galardón obtenido en Asturias.
El lado real de
la dictadura
Los editores de España, Francia, Portugal,
Grecia e Italia que integraron el jurado presidido por el
escritor chileno y director del Salón, Luis Sepúlveda,
consideraron que El colectivo fue la mejor de las 80 novelas
presentadas y se refirieron a la cordobesa como a “una gran
novelista capaz de cambiar nuestra visión de una dictadura,
para mostrarnos su lado más real”.
La novela de
Almeida, la primera obra de autor argentino que gana este
premio, será publicada y distribuida en Europa en 2007 y aún
no se sabe, por cuestiones contractuales, si será editada en
el país.
El colectivo está ambientada en un pequeño
pueblo de la provincia de Córdoba, durante 1977, y cuenta lo
que le ocurre a algunas personas que viven allí desde que el
único colectivo que pasa deja de parar. “A partir de eso
–cuenta la autora– es una historia sobre lo generosas o lo
mezquinas que podemos llegar a ser las personas en
determinadas situaciones”.
“Yo creo que la historia es
muy sencilla –continúa– y que al mismo tiempo en esa sencillez
busca desnudar una mecánica de la dictadura. Más que describir
grandes gestas de la humanidad, me gusta ir a los pequeños
gestos: qué hago cuando alguien me pide ayuda, qué hago cuando
alguien me saluda y no lo quiero saludar, qué hago cuando
alguien me desafía”.
Almeida considera que escribir
sobre las pequeñas cosas significó un cambio en su literatura:
“Lo que escribía antes era de una complejidad rococó, cosas
medio pesadas, en cambio esto es como buscar la palabra más
despojada, descarnada y simple. Por eso no creo que al leer El
colectivo se pueda decir ‘¡guau, qué trabajo que tiene sobre
la lengua! Creo que puede mover otras cosas que tengan que ver
más con lo emotivo”.
Habitué de los
saldos
Entre sus muchas lecturas –“leo hasta los
prospectos de los remedios”, bromea–, María Eugenia Almeida
cita a Marguerite Duras, Marguerite Yourcenar, algunas obras
de Milan Kundera –“no todas, algunas no me gustan nada”–.
También nombra a la escritora norteamericana Toni Morrison,
Premio Pulitzer 1988 y Nobel en 1993; a Silvina Ocampo, “cuyos
cuentos me parecen maquinitas perfectas” y a Georges Simenon,
“otro autor que ha quedado ninguneado por escribir policiales
y a mí me parece excelente: él también va a las pequeñas
cosas”, dice quien se confiesa como habitué compulsiva de las
mesas de saldos.
“Pensando en mi sueldo de docente
–explica–, un libro nuevo, que cuesta entre 30 y 40 pesos, me
resulta privativo: tengo que esperar a que la Facultad los
compre para ir a la biblioteca a sacarlos o recurrir a las
mesas de
saldos”.
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