Málaga- El actor
Carlos Iglesias fue una de las principales
estrellas de la sección oficial de ayer al
presentar la película que escribió, dirige y
protagoniza, «Un franco, 14 pesetas». El filme
arranca en la España de 1960 que conocía el
despegue industrial, reajustes en las empresas y
estafas inmobiliarias. En medio de ese ambiente,
Martín y Marcos , que acaban de ser despedidos de
su trabajo, deciden marchar a Suiza con la
esperanza de poder encontrar un buen empleo. Pero
emprenden camino sin contrato, con la
documentación de turistas. Iglesias aporta cariño
y cierta mirada nostálgica, y la reconstrucción
argumental de los detalles de aquella época
resulta magnífica. También supone una virtud la
manera que en que contrapone los dos mundos que
viven los protagonistas, tan reales: los montes y
valles de una Suiza con seguridad social efectiva
y escolarización gratuita frente al madrileño
barrio de San Blas de entonces. En definitiva, es
el retrato de la inmigración de aquel entonces: de
la búsqueda de un empleo que no existía en nuestro
país, del deseo de volver, pero también de la
dificultad de hacerlo tiempo después cuando ya los
hijos han echado raíces en el país de acogida. Es
una historia tan real, observada con cierto humor,
que cabe pensar que si el autor y director tiene
tal conocimiento personal del asunto y lo narra
tan bien, mejor escribir un libro con ese material
que hacer un largometraje, pues resulta muy
difícil contar historias en el
cine.
Precaria construcción.
El segundo filme a concurso ayer fue «El triunfo»,
escrita y dirigida por Mireia Ros, que pasó por la
Berlinale y que supone la segunda experiencia tras
la cámara de la actriz. Se trata de una especie de
«thriller» con sonidos de rumba y una molesta voz
en «off» que cuenta lo innecesario. Es una
historia de venganza y poderío encuadrada en un
barrio marginal de la barcelona de principios de
los años 80 donde gobierna la ley dictada por tres
ex legionarios para los que«moros» y negros son un
peligro próximo. En la precaria construcción de la
trama se mezclan, de manera bastante pueril,
historias de amor de las de antes, muertes y, por
supuesto, una revancha, que aparece a destiempo.
La escasa fortuna en combinar estos elementos
hacen que la película resulte un desastre. Los
malos son malísimos, el bueno, buenísimo, los
tontos, tontísimos... y la cinta larga,
larguísima. El filme está basado en una novela que
no he leído, aunque supongo que será
mejor.