En Buenos Aires, radican sus quejas en la flamante Defensoría del Turista
A Norberto M. le cobraron 270 dólares por beber seis cervezas, no le dieron
el ticket y, cuando pidió el número de teléfono del bar, le dictaron uno falso.
Este atropello también puede formar parte de la experiencia de ser turista
extranjero en la Argentina.
Porque M. es venezolano y, de visita en
Buenos Aires, cayó en manos de un comerciante inescrupuloso en el barrio de San
Nicolás, sobre la calle Carlos Pellegrini, según denunció ante la Defensoría del
Turista.
Con su reclamo, sumaron 20 los casos de viajeros -cinco
argentinos y 15 extranjeros- que durante noviembre se acercaron al organismo,
dependiente de la Defensoría del Pueblo porteña, para radicar quejas por haber
sido víctimas de delitos e irregularidades durante su paso por la ciudad y por
el resto del país.
La Defensoría del Turista, que funciona en el Museo
Benito Quinquela Martín, en La Boca, se inauguró en junio último y, con el
comienzo de la temporada estival, recibió una ola de denuncias por mala atención
en servicios de distintos rubros.
También en la Dirección General de
Defensa y Protección al Consumidor local registraron un incremento de los
reclamos -hasta uno por día- en lo que va de diciembre (ver aparte).
Durante todo el verano, según previsiones de la Subsecretaría de Turismo
de la Capital, pasarán por Buenos Aires entre 1.820.000 y 1.900.000 visitantes
nacionales y extranjeros, entre un 10% y un 15% más que los recibidos la
temporada anterior.
Entre las personas que llegaron el mes último, como
se dijo, siete presentaron en la Defensoría del Turista quejas por problemas con
hoteles; cinco, por robo, estafa y falsificación de moneda; tres, por problemas
en el alquiler temporal de departamentos; tres más, por inconvenientes con
agencias de turismo o compañías aéreas; uno, por problemas en un bar, y hubo un
pedido de asesoramiento.
Cuando pisó la ciudad, la boliviana Luciana S.
jamás pensó que un trayecto en taxi le podría salir tan caro. En principio, se
quedó tranquila cuando el conductor le pidió siete pesos por haberla trasladado
desde Retiro hasta el microcentro. Intentó pagarle con un billete de 10 pesos,
pero el taxista lo rechazó con el argumento de que era falso.
Según la
denuncia, la situación provocó un agitado intercambio de dinero que confundió a
la boliviana. Al bajar del auto, S. se dio cuenta de que el chofer le había
sacado 300 pesos, más los siete del viaje.
Aquí y allá
Al
que sí le entregaron un billete falso, pero de 100 dólares, fue al mexicano
Enrique A. El turista relató que, tras jugar en el casino de Puerto Madero,
cambió las fichas por un papel de esa denominación y valor. Pero, luego, acudió
a una casa de cambio y allí descubrió que era falso.
Sonia S. F. viajó
contenta desde El Calafate hasta la Capital, con joyas de oro con incrustaciones
de piedras preciosas recién compradas en el paradisíaco paraje santacruceño. Le
duró poco la alegría, porque dos joyerías porteñas coincidieron en que las
alhajas no eran auténticas, posición ratificada por una joyería francesa.
Dos pasaportes, una tarjeta de seguridad social, una credencial de una
obra social, una tarjeta para hablar por teléfono y 1000 pesos portaba el
español Serafín C. B. en su billetera cuando ingresó a comer con su esposa en un
restaurante de San Telmo. Para sentarse a la mesa, se quitó el saco y lo dejó
colgado en un perchero.
Pese a la importante suma de dinero en su poder,
Serafín no pudo abonar la cuenta: al ir a buscar el abrigo, su billetera había
desaparecido junto con el valioso contenido.
Por Angeles Castro
De
la Redacción de LA NACION

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