Expresó "confianza" en Kirchner, pero reclamó más "diálogo" con las empresas españolas
MADRID.– “Ha llegado un borgiano a la Moncloa”, susurra a LA NACION el
presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, para dar
testimonio de su sentimiento de proximidad con la Argentina. Admira desde su
juventud a Jorge Luis Borges y leer su obra lo ayudó a conocer el país y a
sentir respeto por los argentinos, a los que define como “gente culta, poseedora
del capital más importante para el desarrollo”.
Pero no es ese
conocimiento sino la información política que llega al moderno escritorio negro
en su despacho de presidente lo que lo lleva a afirmar que nuestro país “tomó ya
el carril del futuro y de la recuperación”, y a sostener que los españoles están
“en mejores condiciones para tener una buena relación estratégica” en el nivel
bilateral.
Zapatero no escatima muestras de confianza al gobierno de
Néstor Kirchner, con quien evaluará la negociación de la deuda externa durante
la Cumbre Iberoamericana que hoy comienza en Costa Rica. “Ese es un tema siempre
presente con la Argentina”, dijo, a la vez que se mostró convencido de que todo
marcha “bien” para una próxima salida del default.
Si algo reclamó fue
“diálogo” para superar las diferencias sobre tarifas y régimen de negocios con
empresas españolas. "No tiene por qué haber recelos en el cumplimiento de
condiciones básicas de respeto a lo que son servicios públicos", dijo.
En una conversación con LA NACION y otros tres medios extranjeros en la
luminosa austeridad de su oficina en el Palacio de la Moncloa, Zapatero aseguró
que su gobierno "respeta y no interfiere" en la decisión judicial que,
finalmente, llevará aquí a juicio oral al marino Adolfo Scilingo, si bien
"comprendió" la vocación de cada país por juzgar a sus compatriotas.
Dijo también que "no le preocupan" la irrupción de China y la apertura
de mercado a sus productos. Pero abogó por que ese proceso "sea con reglas
justas y claras. Porque se les exige mucho a los países emergentes y luego los
países que eso demandan son los más proteccionistas".
Casado con una
cantante lírica y padre de dos hijas, la presencia familiar se adivina en dos
portarretratos. Zapatero habla de los inmigrantes indocumentados, entre ellos,
miles de argentinos, y considera que su gobierno "cumplió con lo prometido".
Vaticinó luego que, en el futuro próximo, la inmigración a España estará ligada
"a un contrato de trabajo" preexistente.
La charla es por la mañana, y
Zapatero llega al predio de la Moncloa, donde también reside, en helicóptero. Ya
es la segunda vez en el día que va y viene en él.
Se entusiasma al
reafirmar su compromiso con América latina, que garantiza como una "vocación
personal", y se compromete a relanzar la política española hacia la región,
expresada hasta ahora en cumbres anuales cuya expectativa es cada vez menor.
"Eso cambiará a partir del año próximo", dice (ver aparte).
Lo mismo le
ocurre con el inminente lanzamiento de la Unión Sudamericana y con el liderazgo
que en ese proyecto de integración regional se vaticina de Brasil ("el gobierno
de Lula tiene una gran credibilidad económica, y eso le da capacidad para
ejercer ese papel", dice).
No le gusta hablar de cosas personales, pero,
ante una pregunta concreta, asegura que no le preocupa el apodo de "Bambi" que
sus sueños y proyectos políticos despertaron en medios españoles. "Lo que nadie
recuerda es que, al final, Bambi se convierte en el Rey de la Selva", dice,
ligero. Lo que sigue es un extracto de esa conversación, en la que ratificó la
confianza y el apoyo de España a nuestro país.
"La Argentina tomó el
carril del futuro y la recuperación. Tengo confianza en el gobierno de Néstor
Kirchner. Con toda la cautela, mi visión es optimista en cuanto al futuro de la
Argentina en estos momentos", dijo.
-¿Por qué?
-Por la
recuperación económica que se está planteando en el país y por la firmeza del
Gobierno ante el concierto financiero internacional. La Argentina cuenta con el
pleno apoyo de España en el Fondo Monetario y con su comprensión ante los
problemas que surgieron con empresas españolas.
-¿Qué significa
"comprensión"?
-Las empresas españolas tienen que ser ejemplares en
su comportamiento, en su responsabilidad social y en contribuir a la
recuperación argentina.
-Pero ¿es posible pensar en una nueva ronda
de inversión estratégica en nuestro país si no se superan de modo estable las
diferencias con inversores españoles y, más aún, si no se sale del default?
-Ya estamos en mejores condiciones para tener una buena alianza
estratégica. España vuelca todos sus esfuerzos ante los organismos
internacionales en favor de la Argentina. Eso es algo que hacemos por toda
América latina, como, por caso, lo hacemos también con la República Dominicana.
-Bueno, pero en el caso de la Argentina han surgido diferencias
profundas con las empresas inversoras, que reclaman tarifas y que no se alteren
las condiciones del negocio.
-Sabemos lo difícil que ha sido el
proceso argentino. Y es normal que cuando se la pasa tan mal se mire a todos
lados, incluidos los inversores extranjeros. Lo que digo a los argentinos es que
la inversión extranjera es positiva. Y que no tiene por qué haber recelos en el
cumplimiento de condiciones básicas de respeto a lo que son servicios públicos.
Tiene que haber diálogo continuo.
-Por eso, es llamativo el giro de
su gobierno respecto del anterior, de José María Aznar, de incorporarse
formalmente en el seguimiento que hacen las empresas españolas de sus
inversiones. ¿Responde eso a la previsión de mayor inseguridad jurídica?
-Creo que la presencia de mi gobierno en ese seguimiento no cayó mal
en ningún gobierno de América latina. Lo que queremos es tener información
adecuada de los problemas que puedan surgir. Y, también, asegurarnos de que
estas empresas hagan el mayor esfuerzo de cara a la recuperación económica de
los países donde estén asentadas.
-Bueno, las empresas dicen que la
incorporación del gobierno significa más apoyo en sus reclamos.
-Nuestra obligación es apoyar a las empresas españolas, pero también
nuestro compromiso es que tengan la máxima responsabilidad con los países en los
que tenemos inversiones, especialmente por la situación que atraviesan. La
Argentina ocupa un papel destacado. Creo que la reciente visita del canciller
español al país ha sido muy positiva.
-La estadística española revela
que en América latina sólo una de cada tres personas dice que la inversión
peninsular fue beneficiosa en su país. Y uno de los índices más altos de rechazo
se registra en la Argentina. ¿Qué está fallando?
-El problema no es
tanto la etiqueta de que sean inversiones españolas sino que las inversiones se
produjeron en países y en momentos de condiciones económicas y sociales muy
difíciles. Entonces, es comprensible que una parte de la ciudadanía se pregunte
si eso ha sido positivo o no.
-Pero, mirando al futuro, ¿qué falló y
qué puede hacerse?
-Lo que falló fue el Consenso de Washington. O
sea, un modelo económico y de desarrollo que desprecia el bienestar social, que
no entiende que no hay posibilidad de crecimiento económico estable si a la vez
no hay bienestar social. Esto es justamente lo que España intenta cambiar. Y lo
procura en todos los foros internacionales, incluidos el FMI y el Banco Mundial.
-¿Ese ha sido el problema?
-Eso y la debilidad
institucional. Es evidente que las instituciones se agrietan cuando hay mucha
gente en la pobreza y poca esperanza. Por eso yo digo que el futuro en América
latina es la cuestión social. Esa es la visión de fondo del problema en la
región que España intenta instalar.
-Es difícil construir sin
inversiones. Y no las hay si no hay seguridad jurídica. Y ésta se aleja si no
hay instituciones fuertes. Es como un círculo. ¿Cómo se quiebra?
-La
inversión española está muy comprometida con América latina y el gobierno
siempre lanza un mensaje a todos los inversores: "Hay que apostar allí. Queremos
incrementar esa inversión, porque es bueno para la región y para España. Tal vez
sea la hora de la mediana empresa".
-Su gobierno lanzará un blanqueo
de inmigrantes irregulares, entre ellos miles de argentinos, y el mensaje es que
luego reforzarán controles para restringir nuevas llegadas. ¿España cierra la
puerta?
-Creo que hay satisfacción en el gobierno por las decisiones
que estamos tomando en materia de inmigración. La nueva legislación que
promovemos sacará de la sombra y devolverá la dignidad a muchos ciudadanos que
cruzaron el océano. Este fue el reclamo que se nos hizo y lo hemos cumplido.
-¿Y para el futuro?
-La idea es que después la gente
llegue ya vinculada con un contrato de trabajo. Tengo el convencimiento de que
todos los gobiernos nos ayudarán en eso y en el establecimiento de cupos anuales
de trabajadores.
-Una para el final: ¿le molesta que el apodo
político que corre sobre usted sea "Bambi"?
-No. Porque me parece
que la gente ignora la historia completa de Bambi. Todos se quedan con la parte
sentimental de la película, cuando pierde a su madre y se queda solo. Pero luego
él se rehace y se convierte en el Rey de la Selva. Eso es lo que muchos no
parecen tener en claro.
Por Silvia Pisani
Corresponsal en España
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