Vive en una colonia que desmantelarán
JERUSALEN.- Como la mayoría de los 8000 colonos que viven en los 21
asentamientos de la Franja de Gaza, Yehuda Heimenrath, un porteño nacido en 1953
en el barrio de Belgrano, no cree que las cosas vayan a cambiar en el escenario
sin Yasser Arafat.
"Va a seguir todo igual", dice, escéptico, en diálogo
telefónico con LA NACION desde Neve Dekalim, uno de los asentamientos de Gush
Katif, en el sur de Gaza.
Más allá de la sucesión traumática que
enfrentan los palestinos, su verdadera preocupación es el denominado "plan de
desconexión" de Gaza, impulsado por Ariel Sharon. Un tema que hoy está en boca
de todos en Israel, que representa una movida unilateral para muchos
"histórica", que prevé la retirada de las varias unidades del ejército que
cuidan a los colonos que viven allí, así como el desmantelamiento de los
asentamientos, a partir de 2005.
"El pueblo de Israel está en esta
tierra desde hace casi 3000 años. Gaza es uno de los pocos lugares donde siempre
hubo población judía y no veo ninguna causa por la cual esto debería terminar",
sentencia Yehuda.
El controvertido plan de desconexión, aprobado por el
Parlamento israelí hace unas semanas, prevé que las cerca de 1600 familias que
viven allí reciban una compensación de entre 200.000 y 300.000 dólares.
"Que vean cuánta gente consiguen comprar con esa plata... Nadie está
dispuesto a vender sus ideales. Aceptar dinero sería una clase de prostitución.
La tierra de Israel pertenece al pueblo de Israel", sentencia Yehuda, un
ingeniero electrónico de 51 años, religioso, que vive aquí desde hace 34 años.
"Nací en el barrio de Belgrano en una familia sionista, estudié primaria
y secundaria en la Argentina y me vine para acá con unos muchachos de un
movimiento sionista. La mayoría volvió, pero yo me quedé", cuenta.
Yehuda, que trabaja en una empresa en uno de los asentamientos de Gaza
que fabrica aparatos electrónicos de medicina que se exportan a Estados Unidos,
se casó hace años con una francesa. Con ella tuvo seis hijos -el menor, de 17, y
el mayor, de 27-. Una de sus hijas murió trágicamente hace dos años, cuando se
desmoronó una sala de casamiento de Jerusalén. "Está enterrada aquí, en Gush
Katif", cuenta Yehuda, que vive y trabaja en Neve Dekalim, una próspera colonia
pegada a la paupérrima ciudad palestina de Rafah.
Caos y terror
El plan de desconexión, resistido por los partidos de extrema
derecha y religiosos, ha debilitado a la coalición de gobierno de Sharon.
Conscientes de esto, los colonos de Gaza han decidido hacer todo lo posible para
hacer caer su gobierno.
Sharon -para Yehuda, "un líder nacionalista por
el que había votado, pero que hace unos meses cambió sus ideas por las de la
izquierda extremista"- es detestado por los colonos, que lo consideran un
traidor de los ideales de los pioneros de Israel.
"Aunque nosotros
estamos tratando de parar el asunto, intentando hacer caer este gobierno, o para
que se haga un plebiscito sobre el tema, estamos convencidos de que jamás va a
ser puesto en práctica el plan de desconexión", asegura Yehuda.
Paradojas del destino, Yehuda ya sufrió una evacuación, en 1982, cuando
Israel se retiró de la península del Sinaí (Egipto). "Había ido con mi familia
para mostrar que no estaba de acuerdo con la retirada; por medio año estuvimos
en un asentamiento con los chicos y con la esperanza de que no iba a haber
evacuación y para nosotros fue un shock terrible", recuerda.
Ahora, sin
embargo, las cosas son distintas. "Una retirada de Gaza empeoraría el problema
del terrorismo, que es un problema mundial, no sólo nuestro. Fíjese lo que pasó
en Madrid... Si el terrorismo levanta la cabeza en un lado, también puede
levantarla en otro. Y la mayoría del mundo está en contra de darle un premio al
terrorismo, como sería la retirada", afirma.
-Hay quien dice que si bien
Sharon apunta a retirarse de Gaza, en realidad quiere quedarse con una vasta
parte de Cisjordania...
-Menahem Begin también dijo lo mismo cuando
salió de Egipto... Pero lo cierto es que nadie avanza cuando se retira para
atrás, sino que pierde. Retirarse es retirarse, y los grupos terroristas como
Hamas y Jihad Islámica tomarán esto como una victoria de ellos y aumentará el
caos.
Por Elisabetta Piqué
Enviada especial
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