
MADRID.- La mayoría de las preocupaciones de la publicidad española están
grabadas, en grandes caracteres, en una de las paredes de la recepción de las
oficinas del grupo de agencias Gap, situadas en el elegante barrio madrileño de
Salamanca. El listado elegido por la agencia se titula "Cinco puntos para el
cambio".
El primero proclama que la agencia es, en realidad, un
consultor de comunicación, y como tal debe ser retribuida.
Este
principio conecta con el siguiente, que alude a la necesaria transparencia de la
relación con los clientes anunciantes, algo tensa debido a los discutidos
concursos establecidos para la adjudicación de cuentas, que ya no se limitan al
análisis de antecedentes, ni siquiera de ideas, sino que ahora exigen la
presentación de campañas casi definitivas, con el costo que implica este tipo de
apuestas publicitarias para quienes las producen.
Otro punto se refiere
a la pérdida de validez de los términos above the line ( que se refiere a la
publicidad en medios de comunicación masiva) y below the line (quiere decir
difusión a través de las promociones, el diseño gráfico, el patrocinio y el
merchandising, entre otros medios), sector que en España ya supera en
facturación al de la publicidad convencional.
"En el mundo de la
comunicación comercial, la presunta «línea» ha dejado de existir -opina
Francisco González, presidente de Gap-. Cualquier solución eficaz a un problema
debe ser enfocada desde esta nueva perspectiva", agrega.
Ocaso de las
ideas
"Hice grabar este ideario allí, en la pared, a la vista de
todos, porque es más difícil no digamos olvidarlos, sino también corregirlos a
medida que crezcamos", añade González.
Gap tiene sólo dos años de vida,
pero su presidente es un veterano que lleva treinta años en la actividad
publicitaria.
Licenciado en ciencias políticas por la Universidad
Complutense de Madrid, y recibido de técnico en publicidad, González fue titular
de la multinacional Grey España durante la década del 90, y presidente ejecutivo
de Grey Iberia, que manejaba también Portugal y el norte de Africa.
Las
reñidas y extensas negociaciones que terminaron con la venta de Grey al WPP
Group lo impulsaron a independizarse.
González presidió, hasta 2002, la
Asociación Española de Agencias y fue fundador y vicepresidente de la Asociación
para la Autorregulación de la Comunicación Comercial.
El mismo año se
hizo cargo también de la dirección general del Festival Iberoamericano de la
Publicidad (FIAP), que se desarrolla en España.
Profundo conocedor de la
publicidad argentina y latinoamericana, González es uno de los más indicados
para comentar las diferencias existentes en los comerciales de esta región con
los que se producen en su país.
Como la mayoría de sus colegas, coincide
en la apreciación de que el estado actual de la creatividad española no es el
mejor (otro de los especialistas consultados lo calificó, rotundamente, de
"bajísimo").
"La publicidad argentina es superior -opina González-,
porque es más fresca, atrevida, y porque se animó a salir a la calle, donde no
todos son rubios de ojos azules, ni la mayoría viste formalmente y habla como un
académico."
La publicidad española, en cambio, está estereotipada;
tendría que soltarse más y ser más fiel a su identidad, de la que a veces parece
renegar, argumenta.
Curiosamente, lo que se le pide ahora ya lo hizo dos
décadas atrás, cuando creó, sin proponérselo, un estilo propio que fue festejado
mundialmente.
González descubrió las razones de ese éxito en el inicio
del bienestar económico en los años setenta, en la aparición de una nueva y
brillante camada de creativos y en el empleo de anuncios televisivos de 20
segundos, en vez de los 30 que eran de rigor hasta entonces.
"Puede
parecer poca diferencia, pero el recorte de esos 10 segundos dispararon mensajes
más sintéticos, más creativos, con predominio de las ideas por sobre los
arabescos de la producción", completa González.
El nuevo desafío
La prosperidad posterior habría alentado la aparición de una
publicidad más espectacular en su despliegue, pero débil en el concepto de
fondo.
El freno impuesto a las inversiones publicitarias a partir de
2001 conmovió los cimientos de las publicidades europeas, y España no fue la
excepción.
Las empresas anunciantes controlan cada euro de sus
presupuestos y exigen más a sus agencias de publicidad, lo que provoca una caída
de los ingresos de las agencias y de los profesionales.
Estos últimos se
encuentran ante el desafío de una publicidad que se agota y otra que aún cuesta
definir.
Economía de recursos
Según González, España
tiene mucho que aprender de la publicidad argentina y la brasileña, y aun de
otras que están emergiendo, como las de otros países latinoamericanos como
Chile, Colombia o Uruguay. Son países que crean con menores recursos, asumiendo
más riesgos, añade. En este contexto, opina que el FIAP es una cátedra de
innovación publicitaria.
Será por eso que la proyección de "Lo mejor del
FIAP 2004", realizada en mayo último en una sala de la Gran Vía, en pleno centro
de la capital española, Cinesa, batió todos los récords.
Asistieron más
de mil personas; los servicios de seguridad cerraron las puertas antes de
comenzar la ceremonia de entrega de premios y otras doscientas personas no
pudieron ingresar.
"Todo parece indicar que la participación de España
en el FIAP 2005, que como siempre se celebrará en Buenos Aires, será más
relevante que otras veces", se ilusiona González.
Por Alberto Borrini
Para LA NACION
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