jueves 7 de octubre de 2004

 


Sorín: «Mis personajes viven el mismo drama que hoy padecemos en Argentina»


El director de «Historias mínimas» estrena mañana «Bombón-El perro», premio Fipresci en San Sebastián


Veterano en el Festival de San Sebastián (hace dos años obtuvo el Premio Especial del Jurado y otros dos galardones con «Historias mínimas»), Carlos Sorín volvía a ser distinguido en la reciente LII edición del certamen donostiarra con el Fipresci por «Bombón-El perro». Educado, paciente y menudo, el argentino vuelve a dar en el blanco con una humana «road movie» protagonizada por un hombre en paro (que interpreta, como ocurría en su anterior filme, un actor no profesional) a quien la vida le pega un vuelco cuando su destino se cruza con el de un can enorme tan perdido y tan solo como él mismo.


Sorín, con el perro de su película durante la presentación de la misma en San Sebastián

Carmen L. Lobo
Madrid. -Habrá quien compare su nueva película con la anterior, «Historias mínimas», y no le faltarán motivos... -Es verdad. En cierto momento me dio miedo seguir el mismo camino que el de «Historias...». Yo creía que, si lo hacían, «Bombón-El perro» iba a salir perdiendo, porque, si llegaba a funcionar, alguien podría decir que se trataba de una continuidad estilística, y, de no hacerlo, que sólo era más de lo mismo. -¿Y cómo, finalmente, desechó esos recelos? -Bueno, por aquel entonces empecé proyectos muy distintos a éste, pero un día pensé que uno debe ser solidario, consecuente, con las cosas que quiere hacer y decidí rea-lizarla. Por suerte, la película ha ido bastante bien en el Festival de Toronto, en San Sebastián y en todos los sitios donde ya se ha proyectado, independientemente de que las comparen o no. -Tanto en una como en otra refleja en profundidad la situación de su país. Por debajo de lo que cuenta, el público descubre una situación que parece insoportable, o soportable a duras penas. -Ciertamente, los míos son personajes reales que se encuentran inmersos en la Argentina de hoy y que viven el drama que actualmente padecemos. Yo deseaba realizar un filme sobre la desocupación, el paro le llaman ustedes en España, porque se trata del asunto más grave allí. Sin embargo, al mismo tiempo buscaba tratar ese tema angustioso con una mirada de cierta comedia. Ese fue el desafío. -El protagonista de «Bombón-El Perro» es un fracasado entrañable sin trabajo que no ha perdido, con todo, la esperanza. -Sí, se trata de un hombre ingenuo que aún puede creer. Si padeces una situación como la suya el carácter se te agría, pero yo deseaba que la cinta conservara el espíritu de la película «Milagro en Milán», ofrecer una visión más «naif» a la que doy en otros trabajos míos. -¿Y cómo se encontró con Juan Villegas, el protagonista? -Lo conocí porque él trabajaba en un garaje y durante años me lavó el coche. Hice un «casting» para buscar al actor que debía encarnar ese papel, pero no daba con la persona adecuada; fue entonces cuando me acordé de Walter. Con todo, se trató de una decisión bastante arriesgada porque su personaje está en todas las escenas, pero yo sabía que la mirada de Walter era la que buscaba, la mirada de alguien que espera algo bueno, un optimista a ultranza. Y esa casi inexpresividad que posee con toquecitos gestuales me interesaba. Si lo conoces, sabes a qué me refiero... -¿Y es usted tan optimista como él? -Yo no sé si tanto como Walter Donado, pero me daba como pena cerrarle las puertas, por eso le dejo abierta una al final. Relativamente. -Ha vuelto a trabajar con intérpretes no profesionales, lo que me parece añade dificultades al rodaje. -Cuando no colaboras con actores profesionales cada persona requiere un trato distinto, ya que, si lo fuera, compartirías con él un lenguaje común, relación que acá, en esta película, no podía tener porque habría salido mal. Lo que hice fue quitarles las inhibiciones que poseen quienes nunca han estado delante de una cámara, filmar igual que si fuera un juego. Me pasó lo mismo con el viejo que aparecía en «Historias mínimas», pero, con el tiempo, todo empezó a fluir porque las tensiones fueron disminuyendo. -¿Improvisa en su cine? -Yo filmo en orden cronológico y con un guión detrás, de no ser así, no podrías tener a los espectadores sentado durante 90 minutos en una butaca. Sin embargo, el papel de la mujer, por ejemplo, apareció luego, y lo incluí porque pensé que la fantasía de una relación sentimental iba a funcionar en este filme. Me pareció importante completar el nuevo mundo de Juan con ella.

 
 




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