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Sorín: «Mis personajes viven el mismo drama
que hoy padecemos en Argentina»
El director de
«Historias mínimas» estrena mañana «Bombón-El perro», premio
Fipresci en San Sebastián
Veterano en el Festival de San
Sebastián (hace dos años obtuvo el Premio Especial del Jurado
y otros dos galardones con «Historias mínimas»), Carlos Sorín
volvía a ser distinguido en la reciente LII edición del
certamen donostiarra con el Fipresci por «Bombón-El perro».
Educado, paciente y menudo, el argentino vuelve a dar en el
blanco con una humana «road movie» protagonizada por un hombre
en paro (que interpreta, como ocurría en su anterior filme, un
actor no profesional) a quien la vida le pega un vuelco cuando
su destino se cruza con el de un can enorme tan perdido y tan
solo como él mismo.
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Sorín, con el perro de su película durante
la presentación de la misma en San
Sebastián | |
Carmen L. Lobo
Madrid. -Habrá quien
compare su nueva película con la anterior, «Historias
mínimas», y no le faltarán motivos... -Es verdad. En cierto
momento me dio miedo seguir el mismo camino que el de
«Historias...». Yo creía que, si lo hacían, «Bombón-El perro»
iba a salir perdiendo, porque, si llegaba a funcionar, alguien
podría decir que se trataba de una continuidad estilística, y,
de no hacerlo, que sólo era más de lo mismo. -¿Y cómo,
finalmente, desechó esos recelos? -Bueno, por aquel entonces
empecé proyectos muy distintos a éste, pero un día pensé que
uno debe ser solidario, consecuente, con las cosas que quiere
hacer y decidí rea-lizarla. Por suerte, la película ha ido
bastante bien en el Festival de Toronto, en San Sebastián y en
todos los sitios donde ya se ha proyectado, independientemente
de que las comparen o no. -Tanto en una como en otra refleja
en profundidad la situación de su país. Por debajo de lo que
cuenta, el público descubre una situación que parece
insoportable, o soportable a duras penas. -Ciertamente, los
míos son personajes reales que se encuentran inmersos en la
Argentina de hoy y que viven el drama que actualmente
padecemos. Yo deseaba realizar un filme sobre la desocupación,
el paro le llaman ustedes en España, porque se trata del
asunto más grave allí. Sin embargo, al mismo tiempo buscaba
tratar ese tema angustioso con una mirada de cierta comedia.
Ese fue el desafío. -El protagonista de «Bombón-El Perro» es
un fracasado entrañable sin trabajo que no ha perdido, con
todo, la esperanza. -Sí, se trata de un hombre ingenuo que aún
puede creer. Si padeces una situación como la suya el carácter
se te agría, pero yo deseaba que la cinta conservara el
espíritu de la película «Milagro en Milán», ofrecer una visión
más «naif» a la que doy en otros trabajos míos. -¿Y cómo se
encontró con Juan Villegas, el protagonista? -Lo conocí porque
él trabajaba en un garaje y durante años me lavó el coche.
Hice un «casting» para buscar al actor que debía encarnar ese
papel, pero no daba con la persona adecuada; fue entonces
cuando me acordé de Walter. Con todo, se trató de una decisión
bastante arriesgada porque su personaje está en todas las
escenas, pero yo sabía que la mirada de Walter era la que
buscaba, la mirada de alguien que espera algo bueno, un
optimista a ultranza. Y esa casi inexpresividad que posee con
toquecitos gestuales me interesaba. Si lo conoces, sabes a qué
me refiero... -¿Y es usted tan optimista como él? -Yo no sé si
tanto como Walter Donado, pero me daba como pena cerrarle las
puertas, por eso le dejo abierta una al final. Relativamente.
-Ha vuelto a trabajar con intérpretes no profesionales, lo que
me parece añade dificultades al rodaje. -Cuando no colaboras
con actores profesionales cada persona requiere un trato
distinto, ya que, si lo fuera, compartirías con él un lenguaje
común, relación que acá, en esta película, no podía tener
porque habría salido mal. Lo que hice fue quitarles las
inhibiciones que poseen quienes nunca han estado delante de
una cámara, filmar igual que si fuera un juego. Me pasó lo
mismo con el viejo que aparecía en «Historias mínimas», pero,
con el tiempo, todo empezó a fluir porque las tensiones fueron
disminuyendo. -¿Improvisa en su cine? -Yo filmo en orden
cronológico y con un guión detrás, de no ser así, no podrías
tener a los espectadores sentado durante 90 minutos en una
butaca. Sin embargo, el papel de la mujer, por ejemplo,
apareció luego, y lo incluí porque pensé que la fantasía de
una relación sentimental iba a funcionar en este filme. Me
pareció importante completar el nuevo mundo de Juan con
ella.
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