Sin avances en la apertura comercial, sólo habría acuerdos políticos y de cooperación
Es mejor algo que nada. Tal parece ser el pensamiento que guía a los
negociadores del Mercosur que estudian si proponerle a la Unión Europea (UE) que
se firme un acuerdo político y de cooperación, pese a que el tratado de libre
comercio no se pueda sellar en el período previsto, antes del 31 del actual,
cuando el comisario comunitario de Comercio, el francés Pascal Lamy, sea
reemplazado por el británico Peter Mandelson.
Los cancilleres de los
países del Mercosur, Rafael Bielsa, de la Argentina; el brasileño Celso Amorim;
el uruguayo Didier Opertti, y la paraguaya Leila Rachid se reunirán hoy en Río
de Janeiro para discutir cómo continúa la discusión con la UE. La idea de
rubricar al menos los dos capítulos ya cerrados del pacto con Europa -los de
política y cooperación- surgió del Grupo Mercado Común (GMC), que durante esta
semana se reunió en Brasilia. "Es muy difícil que lleguemos al 31 de octubre por
la pobre oferta de la UE, pero si no podemos firmar los tres capítulos del
acuerdo, estaríamos en condiciones de firmar dos", opinó el subsecretario de
Integración Económica Americana, Eduardo Sigal, desde Brasilia. "Sería una buena
señal de voluntad", destacó Sigal, que junto a sus colegas de los otros tres
países pretendían que se convoque a una reunión ministerial con Bruselas.
El capítulo político incluye compromisos en favor de la democracia, el
buen gobierno y el multilateralismo. El de cooperación contempla fondos de la UE
para que el Mercosur desarrolle sus aparatos económico y social.
El
presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, se involucró en la discusión
porque pretende que las negociaciones comerciales prosigan apenas asuma
Mandelson. Además pidió un esfuerzo adicional a sus funcionarios para que
perdieran de vista los intereses sectoriales, de modo de revitalizar el
estancado diálogo con la UE.
Algunos analistas consideran que un acuerdo
con Europa generaría un positivo efecto de imagen e institucionalidad en el
Mercosur, superior a lo que se ganaría o perdería con la apertura de tal o cual
mercado agrícola -como interesa al bloque sudamericano- o de servicios -como
pretende Bruselas.
Otros, por el contrario, alegan que así se pensó en
los 90 y se terminó cediendo mucho a cambio de poco en la liberalización
argentina al mundo.
Los medios brasileños publicaron ayer que Lula
quiere que el Mercosur abra sectores industriales hasta ahora protegidos como el
acero, el papel, la celulosa y algunos productos químicos. La Argentina siempre
se opuso, pero Sigal admitió que si Brasil lo propone formalmente, se analizará
caso por caso con el sector privado.
En la UE no parece cundir la misma
prisa que en Brasil. "Estoy más en favor de la calidad que de la rapidez",
afirmó esta semana Mandelson.
Sectores empresariales de ambos bloques
que defienden el tratado comercial, como los de alimentos, banca y
telecomunicaciones, están apurados. Reunidos en el Foro Empresarial Mercosur-UE
(MEBF, según sus siglas en inglés), reclamaron ayer en Bruselas que el pacto se
firme antes del 31 del actual ante "importantes oportunidades que las compañías
perderían si se aplaza". Los hombres de negocios pidieron flexibilidad a los
negociadores y una reunión ministerial. También felicitaron a Lula por su
actitud.
En cambio, el primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin,
dijo ayer que su gobierno "vigilará" las negociaciones. "Francia debe seguir
movilizada", dijo el líder de esta potencia del proteccionismo agrícola.
El Mercosur pretende anunciar el 18 del actual la conclusión del acuerdo
de libre comercio con la Comunidad Andina de Naciones (CAN), del que restan
definirse detalles. Cuando se oficialice, Venezuela será asociado al Mercosur,
como Chile, Bolivia y Perú.
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