LA SITUACIÓN
Los nuevos estadounidenses: la influencia
de la inmigración hispana
| AL LLEGAR, GANAN hasta seis veces más que
en su país, pero son prisioneros de su situación ilegal |
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| TAN SÓLO UN 11%de la población hispana mayor
de 25 años cuenta con un título de bachiller o superior |
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ROSSANA FUENTES BERAIN - 10/10/2004
La blancura de Estados Unidos se tiñe cada día más de café. El censo
estadounidense en el año 2003 registró 39,9 millones de hispanos,
es decir, personas que se consideran de origen iberoamericano. Se
trata de la quinta mayor concentración de hispanos en el planeta,
tras México, Argentina, Colombia y España.
Con su tradicional elocuencia, Bill Clinton declaró: "Seré el último
presidente de Estados Unidos que no hable español". La reacción
fue un aplauso entusiasta por parte de los hispanos y un gesto de
ambivalencia entre los anglohablantes presentes. ¿Profetizaba esa
aseveración el fin del dominio de los blancos puros en la política
estadounidense? Tal vez Clinton se adelantaba a su tiempo. En estas
elecciones, los candidatos a ocupar la silla en la oficina oval
son tan gringos como sus 42 predecesores, pero es verdad que George
W. Bush y John Kerry aparecen en televisión pidiendo el voto a los
hispanos y tratando de congraciarse con el público salpicando sus
intervenciones de palabritas en español.
Analistas de ambos partidos consideran a la población hispana uno
de los segmentos más dinámicos de los públicos votantes. Además,
se concentran en estados clave para el resultado de la elección,
como California, Nueva York y, sobre todo, Florida. Pero ¿cómo están
representados en el sistema político estadounidense? De los 435
miembros de la Cámara de Representantes, 22 son latinos de distintos
orígenes: 15 mexicanoestadounidenses, cuatro cubanoestadounidenses
y tres puertorriqueños. El Senado es otra historia; de sus 100 miembros,
ninguno tiene origen hispano (sólo tres han pasado por el Capitolio).
Un tercio de los hispanos es menor de 18 años y en ellos existe
la idea de que la educación puede significar ascensión. Los porcentajes
de educación son reveladores, pues aun cuando han mejorado en relación
con la década anterior siguen siendo muy bajos. Por ejemplo, tan
sólo el 11% de la población hispana mayor de 25 años cuenta con
un título de bachiller o superior y el 57% de los hispanos tenía
educación secundaria en el año 2003. El nivel de formación revela
la situación socioeconómica de esta minoría: el ingreso de una familia
ascendía en el 2002 a 33.103 dólares.
Los hispanos se concentran en siete estados: California (con 11,9
millones), Texas (con 7,3 millones), Nueva York, Florida, Illinois,
Arizona y Nueva Jersey. Nada es más falso que la descripción del
profesor de Harvard, Samuel Huntington, respecto a que los hispanos
resultan una amenaza para Estados Unidos porque no se quieren integrar
a la cultura, ni aprender el idioma ni adoptar los valores del sueño
americano. Un sábado de verano por la noche el centro de convenciones
de la ciudad de Houston, en Texas, está abarrotado de hombres y
mujeres de tez morena. Los muchachos, como en cualquier otro concierto,
corean el nombre de sus ídolos, Los Tigres del Norte, y se vienen
abajo en aplausos cuando la banda sale al escenario con sus brillantes
trajes y sus sombreros texanos. Juntos cantan canciones que hablan
de la lucha por integrarse a su nuevo hogar: La jaula de oro,
De paisano a paisano, Ni aquí ni allá.
No es una integración fácil. Al principio, muchos de los recién
llegados viven en la ilegalidad. Empiezan cruzando, sin documentos,
por algún punto de los miles de kilómetros que unen el Primer y
el Tercer Mundo. Su destino laboral son los campos de California,
los hoteles de Seattle, las fábricas de Illinois. Trabajos que requieren
poco dominio del inglés y mucha voluntad para ocupar los puestos
que no quieren ni los blancos ni los negros con tarjetas de identidad
y número de Seguridad Social. Estos indocumentados pasan años viviendo
en una jaula de oro,porque, en efecto, ganan hasta
seis veces más de lo que ganarían en su país, pero son prisioneros
de su situación ilegal, no pueden transi-tar libremente sin temor
a ser detenidos y cambiar de trabajo es una odisea en la que están
sujetos a la voluntad de los patrones de infringir junto a ellos
las leyes a cambio de tener mano de obra barata.
La solidaridad que se da de paisano a paisano (mexicanos,
guatemaltecos, salvadoreños) es uno de los mejores puentes para
regularizar eventualmente los papeles dentro de las múltiples organizaciones
no gubernamentales dedicadas a asistir a los inmigrantes en su esfuerzo
por aprender el idioma y empezar a escalar en el mercado de trabajo.
Con el paso del tiempo, mediante una larga y tortuosa lucha con
las burocracias locales, los indocumentados pueden utilizar alguno
de los mecanismos existentes para buscar la regularización de sus
estancias. En muchas ocasiones, los matrimonios con otros hispanos
legales,como es el caso de los puertorriqueños, acelera el
proceso. Tener hijos estadounidenses es otra vía adicional de integración,
aunque en este caso los indocumentados permanecen en una especie
de limbo en el cual no son ni de aquí ni de allá.
La relación con sus países de origen es bastante fuerte: 38.000
millones de dólares van hacia América Latina cada año. México es
el mayor receptor, con 13.000 millones (una cifra superior a la
inversión extranjera directa), seguido por Brasil (5.000 millones),
Colombia (3.000 millones), El Salvador (2.316 millones), República
Dominicana (2.217 millones) y Guatemala (2.106 millones). Seis de
cada diez hispanos tiene origen mexicano, seguido por los puertorriqueños
(un 9,64%), los cubanos (3,51%), los dominicanos (2,16%), los centroamericanos
(4,77%) y de Sudamérica (3,83%).
Esa sensación de flotar entre dos aguas sólo la cura el tiempo.
Si dividimos la comunidad hispana en dos, los que tienen menos de
20 años de residencia y los que tienen más de 20, es muy claro que
existen patrones de integración distinta. Los valores del credo
estadounidense: democracia, individualismo, rechazo al Estado como
rector de la economía, cultura de la legalidad y respeto por la
representación popular son parte consustancial del marco de conducta
de los hispanos con mayor residencia. Pero aun para aquellos que
llevan menos de dos décadas en el país, y por muy ligados que permanezcan
a sus países de origen, tienen un sistema de creencias semejante
al del anglo-es- tadounidense promedio, según muestra el ensayo
de Alejandro Moreno publicado en abril por Foreign Affairs en
español.
El proceso de integración es de doble vía, de lo que da cuenta la
película Un día sin mexicanos, de Sergio Arau, que narra
un suceso imaginario que lleva a la súbita desaparición en la ciudad
de Los Ángeles de toda la población de origen mexicano. Evidentemente,
el caos no se hace esperar: no hay quien cocine en los restaurantes,
quien recoja la basura, quien cuide a niños y ancianos, quien despache
en los supermercados, quien lance pelotas de béisbol, etcétera,
etcétera. Por más fantástico que sea el guión, se pone en evidencia
que es tal la cantidad de hispanos que viven ya en el país y es
tan potente su fuerza cultural que la asimilación es una avenida
de dos carriles: el hispano se adapta al país y el país se adapta
al hispano.
En cuanto a idiomas, el español desplazó al alemán y al francés
comol as lenguas más estudiadas. Ninguna minoría inmigrante anterior
a los hispanos había tenido dos canales de televisión transmitiendo
las 24 horas del día en su idioma, como es el caso de Univisión
y Telemundo. Estamos siendo testigos de la hispanización de EE.UU.
y en ese sentido no es de sorprender que voces como las del profesor
Huntington se levanten alarmadas exhortando a cerrar filas ante
la amenaza café. Lo interesante es que en medio del ritmo de La
Macarena y La vida loca, que cantan por igual los anglos
que los hispanos, la llamada de alerta no tiene demasiado eco.
Como en la canción del puertorriqueño Ricky Martin, no parece que
haya una gran preocupación, cuando menos por ahora, en lo que respecta
a mantener la pureza de su idioma o de sus costumbres. Si el ídolo
de los niños a los que les gusta el béisbol es un señor que nació
en la República Dominicana, ¿qué más da? Si la imagen de la belleza
de Revlon es una actriz veracruzana que llega a la fama representando
el papel de la pintora Frida Kahlo, ¿a quién le importa? Si la esposa
del gobernador de Florida nació en Guanajuato, México, ¿por qué
habría de sorprendernos? De hecho, su suegro, presidente y padre
de presidente describió un día a sus nietos con una extraña acepción
de cariño, dijo que eran sus little brownies.Tiene razón
papá Bush: Estados Unidos será cada día más un país café con leche.
ROSSANA FUENTES BERAIN , subdirectora de ´Foreign
Affairs en español´y catedrática del ITAM |