Escapar de la pobreza es difícil; los inmigrantes latinos lo saben muy bien; la pobreza no es sólo un factor primordial a la hora de decidir empacar maletas y buscar nuevos horizontes en tierras desconocidas, sino que es algo que los sigue como una carga hasta el nuevo país que los acoge
Al menos eso ocurre en Estados Unidos, donde los latinos inmigrantes, más que
nada aquellos que llegan sin papeles y sin conocer el idioma, tienen que
trabajar interminables jornadas para subsistir y enviar el sustento a los que
quedaron en casa; allá en el país de origen.
Esta vez, no sólo lo
corrobora el último informe de la oficina del Censo de Estados Unidos, que
generalmente da a conocer al público las cifras macro, es decir, cuántos pobres
hay y a qué sectores de la población pertenecen, sino que también lo hace un
estudio más detallado que desglosa los datos del censo y que fue elaborado por
el Centro Hispano Pew.
Este informe asegura que el nivel de ingresos que
tienen los hogares hispanos en Estados Unidos está once veces por debajo del que
obtienen las familias blancas, aunque un poco por encima del de las familias
afro-americanas.
Las remesas inciden y mucho
Estas
diferencias tan marcadas entre los hogares estadounidenses se han acentuado,
según el estudio, tras la última recesión económica que sufrió Estados Unidos,
en 2001.
Pero no sólo eso, el Centro Hispano asegura que el envío de
remesas al país de origen también ha contribuido a incrementar la brecha entre
los hogares hispanos y los no hispanos.
Los inmigrantes envían remesas a
sus familiares para ayudarlos a sobrevivir. Sin embargo, aunque estos
inmigrantes latinos ahora residen en un país primer mundista, como lo es Estados
Unidos, siguen viviendo en la pobreza, aunque claro está que se podría decir que
es una pobreza ¿disfrazada?
El valor promedio de la riqueza neta de los
hogares hispanos alcanzó los US$ 7900, en 2002, es decir, apenas un 9% de los
US$ 88.650 que lograron sumar los hogares blancos no hispanos. Muy por debajo
quedaron los hogares afro-americanos, cuyo nivel de riqueza apenas alcanzó los
US$ 5900.
¿Pero qué quiere decir riqueza neta? La riqueza neta de un
núcleo familiar se mide a través de distintos valores, entre ellos, si la
familia tiene casa propia o no, si tiene o no auto (o cuántos tiene), el número
de tarjetas de crédito que tengan los miembros de la familia, si tiene cuenta
bancaria y/o de ahorro, la línea de crédito a la que la familia puede aspirar y
hasta las inversiones que tenga la familia (bonos, acciones, etc.).
Una
familia con mayor riqueza, según el Centro Hispano Pew, es aquella que puede
afrontar mejor los imprevistos que puedan surgir, como la pérdida de trabajo del
jefe de la familia y/o la de otros miembros cuyo aporte sea significativo para
el presupuesto familiar, enfermedades o reparaciones grandes en la casa (ya sea
por deterioro de la vivienda, por causas climáticas, robo o incendios).
La posibilidad de pagar los estudios a los hijos y si están ahorrando o
no lo suficiente para la hora del retiro, también cuentan dentro de este
cálculo.
¿Por qué los hispanos son más pobres?
Según el
Centro Hispano Pew, entre los factores que inciden a la hora de determinar la
menor acumulación de riqueza de las familias hispanas están el bajo nivel
educativo de la población (desconocer el idioma juega un papel importante) y el
hecho de que los hispanos tienden a concentrarse en zonas de Estados Unidos
donde el costo de la vida es caro, como por ejemplo: Nueva York, California y
Florida.
A esto hay que sumarle que estas familias hispanas también
tienen que enviar parte de sus ingresos en forma de remesas a sus familiares en
el país de origen. Según el estudio, 10 millones de hispanos que viven en
Estados Unidos enviaron remesas por un total de US$ 30 mil millones a América
latina, lo que representa unos US$ 2,500 por hogar y por año.
Si esa
cifra -que representa un tercio del valor de la riqueza neta promedio de las
familias hispanas en EE.UU.- no saliera del bolsillo de los inmigrantes latinos,
entonces la riqueza de estas familias ascendería a unos US$ 10,400 en promedio,
aunque todavía quedaría muy lejos del valor alcanzado por las familias blancas
no hispanas.
Cifras poco alentadoras
El estudio también
señala que el 26% de las familias hispanas y el 32% de las afro-americanas,
contra apenas el 13% de las blancas no hispanas, estaban endeudadas o, lo que es
lo mismo, no eran 100% dueños de sus bienes en 2002.
El 74,3% de los
hogares blancos no hispanos tienen casa propia, mientras que la proporción baja
al 50% para familias hispanas.
Según el informe, los hispanos que
acumularon más riqueza en 2002 fueron los de origen cubano, con US$ 39.787,
seguidos por los mexicanos con US$ 7602 y muy por debajo, los hogares de origen
centroamericano y/o del Caribe, con apenas US$ 2508.
Cabe destacar que,
según las cifras del Banco Mundial, en 2002, fueron justamente estos hogares,
los de origen centroamericano, los que enviaron el mayor número de remesas per
capita.
Las cifras no sólo muestran las marcadas diferencias entre los
tres tipos de hogares, sino que también revelan que la riqueza neta de los
hogares hispanos y los afro-americanos cayó 27% respecto al año anterior. Por el
contrario, la de los hogares blancos no hispanos ganó terreno en un 2%.
Las diferencias no sorprenden, son ya una realidad conocida por todos.
Los inmigrantes latinos, como cualquier otro inmigrante, pagan en carne propia
las consecuencias de no estar viviendo en sus países de origen.
Hacen
los trabajos que los nativos no quieren hacer, se les hace difícil el acceso al
crédito y con eso cumplir el sueño de la casa propia, comprar un auto, pagar la
educación de los hijos y los gastos de salud de la familia.
Hacen
maravillas para sobrevivir en la tierra que los recibe y, como si fuera poco,
llevan sobre sus hombros la pesada carga de enviar el sustento a aquellos seres
queridos que quedaron en casa.
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