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AMAO / COLECCIÓN J.M. DOU
TRABAJOS DE LIMPIEZA. Dos mujeres inmigrantes limpian ropa en el barrio de Pequín en 1968
 
8 min
 
ARXIU BIBLIOTECA MARIÀ VAYREDA
TAN DISTINTOS Y TAN IGUALES. Los inmigrantes llegados a Olot a lo largo del último siglo, procedieran de otros lugares de Catalunya, del resto de España o de otros continentes, han desempeñado trabajos similares
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EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN. Las dificultades de los recién llegados
La huella de los inmigrantes
Una investigación demuestra las similitudes entre inmigrantes catalanes, andaluces y africanos llegados a Olot

Los inmigrantes llegados en épocas distintas han realizado las mismas tareas  
El grueso de la inmigración en el siglo XX procede de otros puntos de Catalunya  

JOSEP PLAYÀ MASET - 25/10/2004
Barcelona

La llegada de inmigrantes extranjeros a Catalunya en los últimos años no es ninguna novedad, puesto que antes llegaron andaluces, extremeños y murcianos. Pero lo que a veces no es tan evidente es que en el fenómeno de la inmigración se repiten determinadas pautas. Un reciente estudio sobre la inmigración en Olot a lo largo del sigloX Xm uestra sorprendentes similitudes entre los primeros inmigrantes catalanes, que llegaron procedentes del campo, y los que llegaron más tarde procedentes del resto de España o extranjeros.

Estanis Vayreda, politólogo y uno de los autores de Els nous olotins, un libro recién aparecido, explica la novedad de esa investigación que ha considerado también como inmigrantes a las personas que, ya fuese a principios del siglo XX o en el pasado más reciente, se desplazaron una docena de kilómetros, desde Sant Joan les Fonts o la Vall de Bianya, a la capital de la comarca de la Garrotxa.

Un hecho común de muchas de las personas que llegaron a Olot durante ese siglo es que "han ocupado nichos laborales muy poco cualificados". Así, todos los inmigrantes hombres han pasado por la construcción en un proceso de sustitución en cadena y las mujeres que dejaban los pueblos cercanos para ir a servir a las casas burguesas de Olot dejaron paso a las jóvenes andaluzas y ahora a las magrebíes o sudamericanas. Y lo mismo ha sucedido con las viviendas. Hay pisos del casco antiguo de Olot que han sido ocupados sucesivamente por campesinos catalanes, españoles y extranjeros.

Pero hay incluso otras semejanzas en las costumbres y actitudes. Una vez llega a Olot, la primera generación de cada uno de esos colectivos mantiene unas altas tasas de natalidad. Pero en los inmigrantes que llegaron de la comarca y del resto de España, la segunda y tercera generaciones iniciaron un cambio brusco de tendencia, con un descenso del número de hijos por unidad familiar, que probablemente se repetirá ahora con los extranjeros.

Muchos de esos inmigrantes se han desplazado por el boca a boca de amigos o parientes. Eso explica también que una parte importante de la población andaluza proceda de Villanueva de Algaidas (Málaga), que los gambianos vengan de Alohungari, los chinos de Jilin y los indios del Punjab.

A lo largo del siglo XX llegaron a Olot 29.587 personas, lo que ha permitido pasar de los 7.983 habitantes de 1900 a los 30.000 del 2003. Ahora bien, en contra de las creencias populares, el grueso de los inmigrantes procede de pueblos de la misma comarca de la Garrotxa (9.789), en segundo lugar de otras poblaciones de Catalunya (8.673), del resto del Estado (7.621), con predominio de andaluces, y finalmente de extranjeros (3.504), con mayoría de magrebíes y senegaleses.

Al inicio del siglo XX la población agrícola de la Garrotxa se hallaba en niveles mínimos de supervivencia. Los primeros inmigrantes hacia la capital eran jóvenes de una media de 27 años que al llegar se ocupaban en las industrias textiles locales y en los talleres de santos. Las mujeres trabajaban en las hilaturas o como criadas. Unos y otros con jornadas laborales muy extensas, de lunes a sábado.

El crecimiento de Olot se produjo especialmente en el periodo 1920-1935 cuando un 60% del total de 3.319 recién llegados era de la comarca, especialmente de La Vall d´en Bas, Sant Joan les Fonts y Santa Pau.

A diferencia de otras zonas, Olot quedó al margen de la primera oleada migratoria española. Pese a ello, en 1935, Olot llegaba casi a las 12.000 personas y recuperaba la población que tuvo en el siglo XVIII, cuando era la quinta ciudad de Catalunya.

"Ya en aquellos tiempos -dicen los autores- los inmigrantes rurales se sentían, en algunos casos, observados y tratados con un cierto recelo". Había diferencias en los horarios laborales, en la alimentación, en la cultura y en las actitudes. Incluso en la indumentaria: la gente de payés vestía más sencilla, con faja, zuecos y barretina roja o morada.

Tras el paréntesis de la guerra y de la inmediata posguerra, se produjo un gran crecimiento económico y demográfico. Entonces no sólo llegaron payeses del entorno rural, sino inmigrantes del resto de España, y, aunque la mayoría se instaló también en el casco antiguo y en el Eixample Popular, surgieron las llamadas cases barates,con promociones de viviendas como el grupo José Antonio, en el barrio de Sant Miquel, o las del grupo de Sant Pere Màrtir. La recuperación de la industria textil, la expansión de los talleres de santos -llegan al millar de trabajadores-, para proveer a las iglesias destruidas, y la eclosión de nuevos sectores como la industria cárnica y la construcción abrieron una etapa de recuperación económica.

Entre 1950 y 1974 se produjo el mayor incremento de población, que pasó de 13.654 a 23.179 habitantes, lo que en buena medida se explica por la llegada de 8.332 inmigrantes, de los cuales un 37% proceden del sur de España y un número similar de la comarca. Durante aquellos años, el éxodo rural superó en número incluso al de inmigrantes del resto de España, en contra de la impresión general de que todo el fenómeno se reducía a la emigración procedente de Andalucía.

"El hecho de poder trabajar en la fábrica aseguraba, en primer lugar, un sueldo fijo, y en segundo lugar, unas horas de trabajo delimitadas, un trabajo resguardado del sol, unas prestaciones sociales y una cierta estabilidad. Ahora bien, la fábrica, como contrapartida, suponía un horario rígido, un ritmo de trabajo más acelerado, un calendario homogéneo para todo el mundo y la necesidad de trabajar en un espacio cerrado. La fábrica daba más seguridad, pero por otro lado recortaba cuotas de libertad para quien estaba acostumbrado a trabajar a su aire, como la gente de payés".

Durante estos años se cerraron hasta ocho escuelas rurales, desaparecieron 13 núcleos rurales y 16 municipios sufrieron una drástica reducción de habitantes. De los inmigrantes del resto de España, más de la tercera parte procedía de Málaga (1.233 inmigrantes). A mucha dis-tancia quedaron las provincias de Córdoba (306), Cuenca (220) y Jaén (183). En los primeros años las pensiones Ca la Llanes y Can Tosques acogieron a muchos de esos inmigrantes y actuaron casi como oficina de colocación. Era tal el desconocimiento de la ciudad que muchos se sorprendían al descubrir que se hablaba en catalán.

La llegada de esos inmigrantes provocó algunos guetos, especialmente en el barrio de Sant Roc. En las escuelas se hizo patente la división entre los catalanes y charnegos (nombre despectivo que se les daba). En ese barrio, que estuvo mucho tiempo sin asfaltar, sin luz ni cloacas, también aparecieron un buen número de barracas. Muchas mujeres vivían en las casas donde servían y sólo tenían un día de descanso, el jueves, conocido como el dia de les minyones.

Apartir de 1977 se produjo un estancamiento económico y se frenó la inmigración. En los años setenta llegaron los primeros marroquíes, una docena, procedentes de Nador. Cada año llegaban tres o cuatro, todos hombres, que se empleaban en la construcción. Los empresarios edificaron incluso un bloque de pisos en el barrio de Les Planotes (conocido en Olot como els pisos dels moros).Ya principios de los ochenta llegaron los primeros gambianos, con el objetivo de trasladarse después al Reino Unido. Fueron vistos como un elemento exótico por su vestimenta coloreada y su idioma (el soninké).

Un detalle significativo, aunque poco importante desde el punto de vista demográfico, fue la llegada a finales de los ochenta de personas procedentes de Barcelona que buscaban mayor calidad de vida. Pese a que llegaban con trabajo y ahorros tuvieron dificultades para integrarse en la sociedad olotense. "Durante muchos años fueron tratados como diferentes, bien fuese por su origen, bien por su acento lingüístico o sus hábitos". Pese a ello, estos olotins virtuals,como los llamó un autor local, llamados también forasters en otras ciudades, actuaron como un revulsivo cultural.

La última oleada llegó entre el 2000 y el 2003 con 4.226 inmigrantes, de los que dos tercios son extranjeros. La mayoría procede de Marruecos y Gambia, pero recientemente han llegado de otros países. Los gambianos (963) son de los que viven más aislados de la población, la mayoría son musulmanes de la etnia Sarajule. Muchos marroquíes (814) son de origen bereber, suelen trabajar en el textil y en la construcción. Los hindúes (495) constituyen el tercer colectivo, son originarios del estado del Panjab y de religión sij. La cuarta comunidad en importancia es la china (240), procedente de zonas urbanas, aunque han hecho paradas previas en Barcelona o Madrid y pronto se han instalado incluso con negocios propios. Otros grupos importantes son los colombianos (150), ecuatorianos (122), mauritanos (138), rumanos (117), argentinos (103) y senegaleses (64). En total, en Olot hay un 12% de extranjeros procedentes de 67 nacionalidades.



 
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