EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN.
Las dificultades de los recién llegados
La huella de los inmigrantes
Una investigación demuestra las similitudes
entre inmigrantes catalanes, andaluces y africanos llegados a Olot
| Los inmigrantes llegados en épocas distintas
han realizado las mismas tareas |
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| El grueso de la inmigración en el siglo XX
procede de otros puntos de Catalunya |
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JOSEP PLAYÀ MASET - 25/10/2004
Barcelona
La llegada de inmigrantes extranjeros a Catalunya en los últimos
años no es ninguna novedad, puesto que antes llegaron andaluces,
extremeños y murcianos. Pero lo que a veces no es tan evidente es
que en el fenómeno de la inmigración se repiten determinadas pautas.
Un reciente estudio sobre la inmigración en Olot a lo largo del
sigloX Xm uestra sorprendentes similitudes entre los primeros inmigrantes
catalanes, que llegaron procedentes del campo, y los que llegaron
más tarde procedentes del resto de España o extranjeros.
Estanis Vayreda, politólogo y uno de los autores de Els nous
olotins, un libro recién aparecido, explica la novedad de esa
investigación que ha considerado también como inmigrantes a las
personas que, ya fuese a principios del siglo XX o en el pasado
más reciente, se desplazaron una docena de kilómetros, desde Sant
Joan les Fonts o la Vall de Bianya, a la capital de la comarca de
la Garrotxa.
Un hecho común de muchas de las personas que llegaron a Olot durante
ese siglo es que "han ocupado nichos laborales muy poco cualificados".
Así, todos los inmigrantes hombres han pasado por la construcción
en un proceso de sustitución en cadena y las mujeres que dejaban
los pueblos cercanos para ir a servir a las casas burguesas de Olot
dejaron paso a las jóvenes andaluzas y ahora a las magrebíes o sudamericanas.
Y lo mismo ha sucedido con las viviendas. Hay pisos del casco antiguo
de Olot que han sido ocupados sucesivamente por campesinos catalanes,
españoles y extranjeros.
Pero hay incluso otras semejanzas en las costumbres y actitudes.
Una vez llega a Olot, la primera generación de cada uno de esos
colectivos mantiene unas altas tasas de natalidad. Pero en los inmigrantes
que llegaron de la comarca y del resto de España, la segunda y tercera
generaciones iniciaron un cambio brusco de tendencia, con un descenso
del número de hijos por unidad familiar, que probablemente se repetirá
ahora con los extranjeros.
Muchos de esos inmigrantes se han desplazado por el boca a boca
de amigos o parientes. Eso explica también que una parte importante
de la población andaluza proceda de Villanueva de Algaidas (Málaga),
que los gambianos vengan de Alohungari, los chinos de Jilin y los
indios del Punjab.
A lo largo del siglo XX llegaron a Olot 29.587 personas, lo que
ha permitido pasar de los 7.983 habitantes de 1900 a los 30.000
del 2003. Ahora bien, en contra de las creencias populares, el grueso
de los inmigrantes procede de pueblos de la misma comarca de la
Garrotxa (9.789), en segundo lugar de otras poblaciones de Catalunya
(8.673), del resto del Estado (7.621), con predominio de andaluces,
y finalmente de extranjeros (3.504), con mayoría de magrebíes y
senegaleses.
Al inicio del siglo XX la población agrícola de la Garrotxa se hallaba
en niveles mínimos de supervivencia. Los primeros inmigrantes hacia
la capital eran jóvenes de una media de 27 años que al llegar se
ocupaban en las industrias textiles locales y en los talleres de
santos. Las mujeres trabajaban en las hilaturas o como criadas.
Unos y otros con jornadas laborales muy extensas, de lunes a sábado.
El crecimiento de Olot se produjo especialmente en el periodo 1920-1935
cuando un 60% del total de 3.319 recién llegados era de la comarca,
especialmente de La Vall d´en Bas, Sant Joan les Fonts y Santa Pau.
A diferencia de otras zonas, Olot quedó al margen de la primera
oleada migratoria española. Pese a ello, en 1935, Olot llegaba casi
a las 12.000 personas y recuperaba la población que tuvo en el siglo
XVIII, cuando era la quinta ciudad de Catalunya.
"Ya en aquellos tiempos -dicen los autores- los inmigrantes rurales
se sentían, en algunos casos, observados y tratados con un cierto
recelo". Había diferencias en los horarios laborales, en la alimentación,
en la cultura y en las actitudes. Incluso en la indumentaria: la
gente de payés vestía más sencilla, con faja, zuecos y barretina
roja o morada.
Tras el paréntesis de la guerra y de la inmediata posguerra, se
produjo un gran crecimiento económico y demográfico. Entonces no
sólo llegaron payeses del entorno rural, sino inmigrantes del resto
de España, y, aunque la mayoría se instaló también en el casco antiguo
y en el Eixample Popular, surgieron las llamadas cases barates,con
promociones de viviendas como el grupo José Antonio, en el barrio
de Sant Miquel, o las del grupo de Sant Pere Màrtir. La recuperación
de la industria textil, la expansión de los talleres de santos -llegan
al millar de trabajadores-, para proveer a las iglesias destruidas,
y la eclosión de nuevos sectores como la industria cárnica y la
construcción abrieron una etapa de recuperación económica.
Entre 1950 y 1974 se produjo el mayor incremento de población, que
pasó de 13.654 a 23.179 habitantes, lo que en buena medida se explica
por la llegada de 8.332 inmigrantes, de los cuales un 37% proceden
del sur de España y un número similar de la comarca. Durante aquellos
años, el éxodo rural superó en número incluso al de inmigrantes
del resto de España, en contra de la impresión general de que todo
el fenómeno se reducía a la emigración procedente de Andalucía.
"El hecho de poder trabajar en la fábrica aseguraba, en primer lugar,
un sueldo fijo, y en segundo lugar, unas horas de trabajo delimitadas,
un trabajo resguardado del sol, unas prestaciones sociales y una
cierta estabilidad. Ahora bien, la fábrica, como contrapartida,
suponía un horario rígido, un ritmo de trabajo más acelerado, un
calendario homogéneo para todo el mundo y la necesidad de trabajar
en un espacio cerrado. La fábrica daba más seguridad, pero por otro
lado recortaba cuotas de libertad para quien estaba acostumbrado
a trabajar a su aire, como la gente de payés".
Durante estos años se cerraron hasta ocho escuelas rurales, desaparecieron
13 núcleos rurales y 16 municipios sufrieron una drástica reducción
de habitantes. De los inmigrantes del resto de España, más de la
tercera parte procedía de Málaga (1.233 inmigrantes). A mucha dis-tancia
quedaron las provincias de Córdoba (306), Cuenca (220) y Jaén (183).
En los primeros años las pensiones Ca la Llanes y Can Tosques acogieron
a muchos de esos inmigrantes y actuaron casi como oficina de colocación.
Era tal el desconocimiento de la ciudad que muchos se sorprendían
al descubrir que se hablaba en catalán.
La llegada de esos inmigrantes provocó algunos guetos, especialmente
en el barrio de Sant Roc. En las escuelas se hizo patente la división
entre los catalanes y charnegos (nombre despectivo que se
les daba). En ese barrio, que estuvo mucho tiempo sin asfaltar,
sin luz ni cloacas, también aparecieron un buen número de barracas.
Muchas mujeres vivían en las casas donde servían y sólo tenían un
día de descanso, el jueves, conocido como el dia de les minyones.
Apartir de 1977 se produjo un estancamiento económico y se frenó
la inmigración. En los años setenta llegaron los primeros marroquíes,
una docena, procedentes de Nador. Cada año llegaban tres o cuatro,
todos hombres, que se empleaban en la construcción. Los empresarios
edificaron incluso un bloque de pisos en el barrio de Les Planotes
(conocido en Olot como els pisos dels moros).Ya principios
de los ochenta llegaron los primeros gambianos, con el objetivo
de trasladarse después al Reino Unido. Fueron vistos como un elemento
exótico por su vestimenta coloreada y su idioma (el soninké).
Un detalle significativo, aunque poco importante desde el punto
de vista demográfico, fue la llegada a finales de los ochenta de
personas procedentes de Barcelona que buscaban mayor calidad de
vida. Pese a que llegaban con trabajo y ahorros tuvieron dificultades
para integrarse en la sociedad olotense. "Durante muchos años fueron
tratados como diferentes, bien fuese por su origen, bien por su
acento lingüístico o sus hábitos". Pese a ello, estos olotins
virtuals,como los llamó un autor local, llamados también
forasters en otras ciudades, actuaron como un revulsivo cultural.
La última oleada llegó entre el 2000 y el 2003 con 4.226 inmigrantes,
de los que dos tercios son extranjeros. La mayoría procede de Marruecos
y Gambia, pero recientemente han llegado de otros países. Los gambianos
(963) son de los que viven más aislados de la población, la mayoría
son musulmanes de la etnia Sarajule. Muchos marroquíes (814) son
de origen bereber, suelen trabajar en el textil y en la construcción.
Los hindúes (495) constituyen el tercer colectivo, son originarios
del estado del Panjab y de religión sij. La cuarta comunidad en
importancia es la china (240), procedente de zonas urbanas, aunque
han hecho paradas previas en Barcelona o Madrid y pronto se han
instalado incluso con negocios propios. Otros grupos importantes
son los colombianos (150), ecuatorianos (122), mauritanos (138),
rumanos (117), argentinos (103) y senegaleses (64). En total, en
Olot hay un 12% de extranjeros procedentes de 67 nacionalidades.
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