Rocío Ruiz
Madrid- El Gobierno
prepara una de las mayores legalizaciones de inmigrantes que
se hayan producido hasta ahora en España en la que los
empresarios y los ayuntamientos tendrán la sartén por el
mango. En el primero de los casos, porque para legalizarse
será necesario contar con un contrato de trabajo y, en el
segundo, porque queda en manos de los ayuntamientos la
posibilidad de demostrar dos de los tres requisitos
obligatorios para regularizarse por la vía del arraigo, uno de
los cauces abiertos para conceder papeles a los inmigrantes
que están en situación irregular en España y que Zapatero ha
estimado en 800.000. Así se constata en el reglamento de la
Ley de Extranjería que prepara el Gobierno y que no para de
remendar. De esta forma, para legalizarse por la vía del
arraigo será necesario cumplir tres requisitos: acreditar la
permanencia continuada en España durante un período mínimo de
tres años (un trámite que se cumple con sólo aportar el
resguardo de inscripción en el padrón municipal) y obtener un
informe del alcalde del municipio que certifique su
integración social. Sólo queda en manos del inmigrante
conseguir la tercera condición, un contrato de trabajo firmado
por el empresario. El último borrador de reglamento que
manejaba ayer la secretaría de Estado de Extranjería
rectificaba otra de las exigencias para legalizarse por la
nueva vía inventada por el titular de Trabajo, Jesús Caldera:
el llamado «arraigo laboral». Para obtener los papeles por
este cauce será necesaria la permanencia continuada en España
durante un mínimo de tres años, en lugar de dos, como había
propuesto en un principio. El inmigrante tendrá que demostrar,
además, que ha estado trabajando durante un año, como mínimo,
en una o varias actividades laborales, aunque sea en la
economía sumergida. En este caso, no será preciso disponer de
un contrato. No obstante, se constatará que el inmigrante en
cuestión «carezca de antecedentes penales en España y en su
país de origen», según recoge el reglamento. El Gobierno se lo
pondrá más fácil a los inmigrantes que pretenden montar un
negocio y quita exigencias para acceder a permisos de
residencia para trabajar por cuenta propia. No será necesario
que demuestre que cuenta con recursos económicos adicionales
para la manutención y alojamiento sin trabajar en otra
actividad y sin recurrir a fondos públicos durante un año,
como el Gobierno requería en un principio. Sólo tendrá que
presentar una previsión de que el ejercicio de la actividad
producirá desde el primer año recursos económicos suficientes
al menos para su manutención y alojamiento. El Ejecutivo
consensúa hoy con la patronal y los sindicatos el texto final
de reglamento de la Ley de Extranjería y la disposición
transitoria que permitirá la apertura del quinto proceso
extraordinario de documentación de extranjeros que ha habido
en España en los últimos cuatro años y que tendrá una duración
de tres meses. En este tiempo, el Gobierno legalizará a los
irregulares que dispongan de un contrato de tres meses, para
la agricultura, y de seis para el resto de actividades, a los
que se obligará a estar empadronados seis meses antes de la
entrada en vigor del reglamento. Las empleadas de hogar, al
igual que en los casos anteriores, podrán obtener también un
permiso de trabajo y residencia por un año si trabajan un
mínimo de treinta horas semanales. Las solicitudes que se
presenten en estos tres meses «se tramitarán con carácter
preferente», según expone la disposición transitoria. Ahora
bien, la autorización estará condicionada a que en el plazo de
un mes desde la notificación se produzca la afiliación y/o
alta en la Seguridad Social del trabajador. En caso contrario,
quedará sin efecto y se requerirá al empresario y al
inmigrante «para que indiquen las razones por las que no se ha
iniciado la relación laboral». El Gobierno advierte que «si no
alegan ninguna justificación o si las razones aducidas se
consideran insuficientes podrán denegarse posteriores
solicitudes». Durante la regularización extraordinaria, el
Gobierno concederá una amnistía fiscal a los empresarios, que
no tendrán que hacer frente a las cuotas impagadas a la
Seguridad Social. Los extranjeros tampoco tendrán que
denunciar a los empresarios para obtener papeles.