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  Actualización | miércoles, 27 de octubre de 2004, 20:35
Argentina se vuelve a Cádiz
kiki
la casa argentina. La cónsul María Elena Borasca (derecha). A su lado, la cónsul adjunta, Silvina Montenegro.
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Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, se vino a morir a Cádiz. Los últimos tres años de su vida los pasó aquí, con dos sobrinas que le fueron robando poco a poco la escasa plata labrada que le quedaba. Ni después de muerto quiso irse. Lo dejó escrito. "Que mi cuerpo no vuelva jamás a Buenos Aires". Su voluntad no fue respetada y sus restos quedaron para siempre en un mausoleo de la plaza Miserere. Pero su casa siempre fue suya. Conservó su nombre, igual que la calle donde su ubica. Y hoy, 159 años después de su muerte, la Casa Rivadavia vuelve a ser la casa de todos los argentinos.

El consulado del país latinoamericano volverá a abrir sus puertas en Cádiz. En apenas un mes, los argentinos afincados en la capital ya no tendrán que recorrer 675 kilómetros para resolver sus trámites en Madrid. Tampoco los que vivan en el resto de Andalucía, porque el de Cádiz será el único consulado que ese país tiene en toda la comunidad. Sólo Madrid, Barcelona y Vigo tienen uno. En España hay más incluso que en Italia, a pesar de su histórica relación con Argentina. Sólo existen dos, uno en Roma y otro en Milán.

La cónsul y la cónsul adjunta, María Elena Borasca y Silvina Montenegro, respectivamente, ya están en Cádiz desde hace un mes. El consulado abrirá en noviembre, cuando la Casa Rivadavia esté preparada. "Un consulado no puede funcionar de forma parcial", explica Borasca. "El día en que abra sus puertas, debe funcionar al cien por cien". En estos momentos, en el edificio aún quedan pequeños detalles por terminar. Las últimas capas de pintura y el imprescindible sistema informático.

Pero ya han llamado decenas de argentinos para hacer consultas, para preguntar cuándo podrán atenderlos, según Montenegro. Y es que muchas páginas web relacionadas con Argentina anuncian que el consulado va a abrir de nuevo en Cádiz, nueve años después de que se cerrara. El pasado enero, el periódico bonaerense La Nación ya publicó que el consulado volvería a instalarse en marzo pasado. Y que, una vez que empiece a funcionar, "aliviará en un 30 por ciento el trabajo de esa oficina en Madrid, donde, para conseguir un turno, muchos argentinos hacen cola desde la madrugada".

Sólo en Cádiz capital hay empadronadas 76 personas con nacionalidad argentina. Hace tres años, el padrón municipal registraba tres argentinos. "Hay gente que lleva mucho tiempo afincada en Andalucía, que vive integrada", cuenta la cónsul. "Pero también hay un nuevo grupo, que empezó a huir de Argentina en el año 2000, empujado por los problemas económicos, buscando un vida con menos zozobra. Es difícil saber si todos esos argentinos regresarán".

María Elena Borasca cree que los que vinieron con sus hijos, probablemente no se volverán, ya que eso supondría un nuevo desarraigo que puede ser "muy duro". Pero también hay muchos que dejaron a sus familias allí. Ayer mismo, la edición digital de La Nación recogía un reportaje sobre la vuelta de miles de compatriotas a su país. "Casi 18.000 de los 120.000 argentinos que habían elegido España para escapar de la hecatombe", cuenta el diario, "empezaron a volver el año pasado". Los datos proporcionados por el Ayuntamiento de Cádiz también recogen este descenso. En enero de este año había 82 argentinos, seis menos que ahora.

El consulado en Cádiz servirá para fomentar las relaciones culturales entre esta provinica y Artengina. Pero, sobre todo, ayudará a todos aquellos que nunca volverán. Y a los nuevos que lleguen. En el edificio de la calle Presidente Rivadavia, los argentinos podrán resolver papeleo, hacer poderes para que sean válidos en Argentina, traer documentación de su país de origen, ser asistidos en caso de enfermedad o fallecimiento, si tienen un accidente... "Esperamos que aquí encuentren un lazo permanente con su país", dice Borasca. "Porque el consulado es la representación del gobierno. De alguna manera, es la casa de todos los argentinos que viven fuera".

La propia cónsul sabe lo que significa la palabra desarraigo. Ha estado destinada en Venezuela, en Ecuador, en Italia y en España. Con ella siempre ha viajado su familia. Y algunos de sus muebles. Sus dos hijas se traen y se llevan cuadros, juguetes antiguos. Así parece que están más cerca de casa. "La vida de un diplomático es un poco agitada. Pero muy interesante. Mis hijas sufren porque se dejan atrás afectos, amigos. Pero conocen otras sociedades, otras formas de vida. Y se han hecho más tolerantes, más amplias, y más abiertas a los cambios".

María Elena Borasca dice que abandonar su hogar es difícil para un diplomático, pero mucho más para los verdaderos inmigrantes. Por eso está aquí. Lejos. Para que sus compatriotas se sientan cerca./ Eva Bocanegra

 

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