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EL ARTÍCULO DEL DÍA // MANUEL PIMENTEL
Inmigración, no extranjería

• El acuerdo social para regularizar al millón de indocumentados sólo debe ser un primer paso

 
 
 
MANUEL Pimentel
Exministro de Trabajo y escritor


Ya tenemos el primer acuerdo social. Bienvenido sea. La regularización de inmigrantes suponía toda una urgencia para nuestra sociedad y nuestra economía. Estamos ante un buen acuerdo, muy razonable en sus contenidos y que servirá para paliar el grave embolsamiento de trabajadores indocumentados que laboraban en nuestro país. Ahora bien, no podemos olvidar que se trata simplemente de una solución coyuntural. Si no se abordan políticas a largo plazo, a la vuelta de pocos años volveremos a sufrir el mismo problema.
El anterior Gobierno, que presenta algunos balances francamente positivos en su gestión socioeconómica, como en el caso del empleo por ejemplo, cometió también sonados errores. Uno de los más destacadosþfue su gestión inmigratoria. Difícilmente se podría haber hecho peor.

NO EXISTIÓ nunca un auténtico deseo de gestionar la inmigración, sino únicamente una política de propaganda que vendía seguridad a cambio de meter miedo y rechazo con respecto a los inmigrantes. Recordemos que todo un presidente de Gobierno asociaba sistemáticamente inmigración con delincuencia con una evidente intencionalidad política. Pero al final pasan las cosas que tienen que pasar, y la ausencia de política inmigratoria tuvo como consecuencia la acumulación de un millón de indocumentados sobre nuestro suelo, todo un triste balance del fracaso de una gestión. Pero quejarse no es suficiente, hay que construir una política de futuro en una materia tan compleja.
Nunca hemos tenido en España política inmigratoria. Nuestra leyes fueron de extranjería, más interesadas en que nadie entrase en nuestro país que en conseguir una regulación del fenómeno. ¿Qué debe contener, como mínimo, una política inmigratoria? Primero, desde la convicción de que nuestra sociedad va a seguir llamando inmigrantes, una correcta política debe ambicionar la regulación de los flujos migratorios.
La prioridad debe ser el conseguir que las personas que necesitemos tengan una vía legal de entrada, para que así no tengan que recurrir, como hasta ahora, a los canales ilegales. Es frecuente oír el comentario: "A mí me parece bien que vengan inmigrantes, pero que lo hagan con los papeles debajo del brazo, como fuimos los españoles a Europa".
Es bueno que sepamos que durante muchos años ha sido prácticamente imposible entrar legalmente en nuestro país. Nuestras leyes de extranjería determinaban cómo expulsar a los inmigrantes, pero no arbitraban mecanismos legales eficaces para regular su entrada.
Resultado, hemos vivido en la pura hipocresía política y social. Mientras el Instituto Nacional de Estadística nos avisaba de que nuestra economía precisaría de casi 300.000 inmigrantes al año, el Gobierno aprobaba cupos de 30.000. Algún año no aprobó ninguna. Aunque es cierto que algunas figuras, como la del contrato en origen, se han ido desarrollando, su incidencia ha sido menor. Moraleja, que el Estado se convirtió en el más eficaz aliado de las mafias que decía perseguir. Conocía de la necesidad de inmigrantes, pero impedía su entrada legal. Un auténtico disparate que hay que solucionar. Una única advertencia al respecto: la regulación de flujos no equivale a fronteras abiertas.
La segunda pata de una política inmigratoria es la de la integración de inmigrantes, un concepto muy amplio y complejo que daría para otros artículos. Algunas de ellas deberían recogerse en el reglamento de la actual ley de extranjería que el Gobierno proyecta aprobar en el próximo ejercicio.

EL ACUERDO social se ha centrado en la regularización de los inmigrantes con trabajo. Como en toda política, habrá que vigilar la correcta utilización de los mecanismos de legalización por parte de las empresas. Al exigir un contrato en firme de al menos seis meses, así como acreditar una estancia mínima de medio año, gran parte del fraude conocido como venta de contratos podrá ser eficazmente paliado. También ha sido inteligente el arbitrar un sistema ordinario de regularización permanente. Uno de los riesgos del procedimiento, una vez superada la inicial propuesta de denuncia y sanciones, es que toda la iniciativa del procedimiento quedara en mano de los empresarios. Las aportaciones y la firma de los sindicatos permiten superar ese razonable temor.
Esta regularización --normalización, como gusta el ministerio llamarla-- irá articulada legalmente en el reglamento de extranjería --vaya nombrecito-- que el Gobierno aprobará a inicios del 2005. Aunque damos la bienvenida a esta enésima regularización, su mera existencia es laevidencia del fracaso de nuestra no-política de inmigración. Si el actual Gobierno se queda ahí, podrá reeditar los antaños errores. Con nuestras leyes y demagogias hacíamos imposible la entrada legal de los inmigrantes que sabíamos que necesitábamos. Como la realidad era tozuda, y la necesidad imperiosa, al final los trabajadores terminaban entrando de forma indocumentada, sabiendo que tarde o temprano terminarían siendo legalizados. Ése era el verdadero efecto llamada, no el tan cacareado por los anteriores responsables. Nuestra incompetencia en la materia hacía que lanzáramos urbi et orbe el mensaje: "Entre en España como pueda, porque una vez que esté dentro, será legalizado". El mundo al revés. Premiábamos a los que lograban burlar nuestras leyes, mientras que castigábamos a los que pretendían entrar legalmente.
Si nos quedamos en la regularización sin abordar los futuros mecanismos de regulación de flujos migratorios habremos ahondado en el mensaje equivocado. Por eso resulta imperioso que el Gobierno acometa el proyecto de una nueva ley, que debe sustituir a la actual de extranjería y que debe denominarse ley regulatoria de la inmigración, superando los estrechos puntos de vista del concepto extranjería.
¿Se atreverá el Gobierno a abordar la negociación de la nueva ley, o sucumbirá a la tentación de dejarse llevar confiando en el periodo de prórroga que le concede la regularización? Esperemos que haga lo sensato y que tengamos proyecto de ley integral el próximo año.
En todo caso, debemos felicitar al Ministerio de Trabajo y a los agentes sociales por un acuerdo que sin duda servirá para superar la kafkiana situación que padecíamos. Enhorabuena por ello.



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